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NOTICIAS : Muere el filósofo, escritor y periodista francés Jean-François Revel
Enviado por Anónimo el 1/5/2006 18:40:00 (8499 Lecturas)

  Navegar contra la corriente, rechazar lo políticamente correcto, inquietar a los complacidos con su ideología, tal podría ser una rápida definición del filósofo, ensayista y periodista francés Jean-François Revel, cuya muerte conmovió el domingo a los medios intelectuales y políticos franceses.

Revel, digno heredero de dos grandes pensadores franceses, Montaigne y Chateaubriand, supo encarar a la platea con ideas, libelos y artículos que descuadraron las cómodas convicciones de los "bienpensantes". Desde su primer libro inició un combate con la pregunta fundamental en forma de título: "¿Para qué los filósofos?", en donde consideraba que la filosofía había dejado de tener una posición preponderante en la historia contemporánea. Siguió otra diatriba en 1970 con el libro "Ni Marx ni Jesús". Después escribió "El Conocimiento inútil" y su libro más conocido  --publicado en 1997--, "El monje y el Filósofo", un diálogo con su hijo, un monje budista tibetano, con el que analiza las razones para el auge del budismo en Francia. La carrera editorial de Jean-François Revel se completó con su labor periodística como editorialista y director del semanario L'Express, y con otras publicaciones como Le Point, así como sus editoriales para la radio. El reconocimiento a esa labor fue su elección, tardía, a la Academia Francesa en 1997.

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 Jean François Revel, un pensador provocador e independiente
Filósofo y escritor, era la bestia negra de la izquierda e impredecible para la derecha

JOSÉ MARÍA MARTÍ FONT

EL PAÍS - Gente - 02-05-2006

El filósofo, escritor y periodista Jean-François Revel (Marsella, 1924) falleció la noche del sábado al domingo de una crisis cardiaca, y Francia perdió así a una de sus voces menos dóciles, a un pensador independiente y provocador. Autor de más de 30 libros, entre los que destacan títulos como La tentación totalitaria (1970) o Ni Marx ni Jesús (1970), articulista prolífico, amante de la vida y de los placeres de la mesa, era una de esas personas que no aceptan componendas sobre su libertad de pensamiento.

Según anunció su esposa, la periodista Claude Sarraute, Jean-François Revel había ingresado dos semanas antes en el hospital Kremlin-Bicetre, a las afueras de París, donde falleció el sábado por la noche. En su tránsito desde una juventud de izquierdas hacia el liberalismo que le estableció como pensador, siempre tuvo como referencia la honestidad intelectual.

Filósofo de formación, alumno de la prestigiosa Escuela Normal Superior, Revel se dedicó a la enseñanza hasta bien entrada la treintena. Fue profesor de francés en varios institutos, no sólo en Francia, sino también en Argelia, México e Italia.

A diferencia de la mayoría de los intelectuales de su país, que nunca aceptaron del todo la evidencia del Gulag soviético, ni siquiera el discurso de Nikita Kruschev en el 30º Congreso del PCUS denunciando el estalinismo -se decía entonces, un discurso "atribuido" a Kruschev-, Revel se desmarcó muy pronto de la ortodoxia marxista dominante en el mundo intelectual francés.

En 1957 publicó su primer libro, ¿Porqué los filósofos?, en el que ya denunciaba el marxismo y el totalitarismo soviético, al tiempo que atacaba a monstruos como Heidegger o Jacques Lacan.

Aunque fue un escritor prolífico, tardó en iniciar su carrera literaria. Entre 1960 y 1963 dirigió las páginas literarias del semanario France Observateur -que luego se convertiría en Le Nouvel Observateur-, labor que compaginaba con el trabajo como consejero en varias editoriales y la dirección de una colección en la editorial Pauvert. Y en 1963, finalmente, decidió abandonar la docencia que ejercía en la universidad y dedicarse de pleno al periodismo y la escritura.

A partir de ese momento y hasta 1981 Revel compagina la literatura y el pensamiento con el trabajo redaccional en los semanarios más determinantes de Francia. Durante buena parte de la década de los sesenta todavía es considerado como un hombre de izquierdas.

En 1966 se convierte en editorialista del L'Express, cuya dirección asume en 1978. Tres años más tarde, en 1981, dimite fulminantemente en solidaridad con un redactor despedido y se pasa a Le Point, ideológicamente mucho más a la derecha, concluyendo así su periplo del marxismo al liberalismo.

Pero sus intereses no se reducían al estricto pensamiento político: la gastronomía, los viajes o los ensayos sobre escritores como Marcel Proust llenan una obra poliédrica y siempre sugerente por su honestidad y la fuerza de su escritura.

Es autor de una historia de la gastronomía -Revel no sólo era un gourmand, sino también un gourmet- y de una antología de la poesía francesa. Fue nombrado miembro de la Academia Francesa -uno de los 40 inmortales- en 1997.

Le gustaba fustigar a sus coetáneos y a los miembros de la casta intelectual francesa a quienes acusaba de haber olvidado su misión de servir a la justicia y a la verdad para convertirse en "esclavos voluntarios del compromiso ideológico". "En consecuencia", añadía, "la política no se ha moralizado y, en cambio, la moral se ha politizado".

Entre sus obras más importantes destacan Ni Marx ni Jesús (1970), La tentación totalitaria (1976), Cómo terminan las democracias (1983), El conocimiento inútil (1988), El fin del siglo de las sombras (1999) o El monje y el filósofo (1997), escrito en colaboración con su hijo Matthieu Ricard, un monje del entorno del Dalai Lama. Ni siquiera octogenario perdió su capacidad de polemizar.

Su último libro, La obsesión antiamericana. Su funcionamiento, sus causas, sus inconsecuencias (2002), veía la luz justo cuando los sentimientos de las sociedades europeas frente a la hiperpotencia de Washington alcanzaban su cénit.

Su muerte, al inicio del largo puente del primero de mayo, cogió por sorpresa a los eventuales hagiógrafos. Desde la Academia Francesa, Jean d'Ormesson lo definió como "uno de los grandes intelectuales de nuestro tiempo".

Desde el poder, el presidente Jacques Chirac rindió homenaje a "un defensor infatigable de la dignidad del hombre, un guardián exigente y vigilante de la democracia".

El primer ministro Dominique de Villepin saludó "su originalidad, su coraje intelectual su eclecticismo y su humor".

Desde la izquierda no llegaron muchos halagos, pero el del escritor e historiador Max Gallo compensa el silencio de otros: "No era alguien que se contentara con lo políticamente correcto", dijo. "Era un hombre bueno, un hombre generoso que defendía con coraje lo que creía que era la verdad. Nunca abrigó pequeñas rivalidades sórdidas". Gallo, con el que Revel discrepaba en casi todo, aseguraba que éste "no veía en el otro un rival, sino alguien a quien había que ayudar, y a mi me ayudó mucho".

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Fuente: El País, 2-5-2006

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 Jean François Revel: la utilidad de la verdad
Por Fernando Alonso Barahona

3 de mayo de 2006. "La primera de todas las fuerzas que dirigen el mundo es la mentira" (Jean François Revel, El conocimiento inútil ).

La muerte de Jean François Revel a los 82 años deja un hueco en la intelectualidad europea que va a ser muy difícil de llenar. Revel nació en Marsella en enero de 1924, trabajó en importantes y prestigiosos medios de comunicación escrita como France Observateur (1960-63), L´Express (del que fue director) y Le Point.

En los años difíciles del predominio intelectual de la izquierda radical la máxima figura del pensamiento francés fue Raymond Aron (1905-1983), que animó el debate ideológico con su lucidez y rigor en obras como El opio de los intelectuales, La República imperial o Los últimos años del siglo. Una de sus mejores obras es Ensayo sobre las libertades, donde reivindica a Alexis de Tocqueville y a Jefferson sobre Marx. El mejor continuador de Aron ha sido sin duda Revel, que además ha profundizado en las raíces del liberalismo clásico y que convirtió su pluma y su talento en un permanente compromiso con la libertad frente a la tiranía y al totalitarismo.

Revel ha volcado sus ideas y su entusiasmo en obras como El rechazo del Estado, La tentación totalitaria, Cómo terminan las democracias (libro impresionante, que marcaría a toda una generación educada en los tópicos políticamente correctos de la izquierda europea) y sobre todo El conocimiento inútil, publicado en 1991. Los diversos capítulos de esta obra magna van destruyendo los mitos sagrados de la izquierda contemporánea: la perestroika, el ecologismo de salón, la mentira sobre la Revolución Francesa (protagonista del primer genocidio moderno en La Vendée, perpetrado por los fanáticos jacobinos), la manipulación de la cultura y la historia, el atroz sectarismo cultural del socialismo... y ante todo el antiamericanismo.

Posteriormente profundizaría en esta denuncia, que llega a resultados tan ridículos y lamentables como vemos por desgracia casi a diario con las campañas orquestadas contra el presidente de los Estados Unidos, George W. Bush.

Escribe Revel con extraordinaria lucidez: "En Francia es donde la pérdida de la condición –real o imaginaria- de gran potencia causa una amargura más intensa. En cuanto al antiamericanismo de extrema derecha, su motor, como el de extrema izquierda, es simplemente el odio a la democracia y a la economía liberal, que es su condición… En la esfera del antiamericanismo, el grado máximo de degradación –ni siquiera menciono la ignominia moral, que produce hastío, hablo sólo de la incoherencia de las ideas- se alcanzó en septiembre de 2001, después de los atentados contra las ciudades de Nueva York y Washington. Pasado el instante de la primera emoción y de las condolencias, en muchos puramente formalistas, se empezaron a presentar y justificar aquellos actos terroristas como una réplica al mal que, al parecer, causaban los Estados Unidos al mundo... Esa reacción fue, en primer lugar, la de los países musulmanes, pero también la de dirigentes y periodistas de ciertos países del África subsahariana, no todos los cuales son de mayoría musulmana. Se trataba de la evasiva habitual de sociedades en quiebra crónica, que han fracasado completamente en su evolución hacia la democracia y que, en lugar de buscar la causa de su fracaso en su propia incompetencia y su propia corrupción, acostumbran a imputarlo a Occidente de forma general y a los Estados Unidos en particular".

Revel también se refería a España en El conocimiento inútil y anota cómo el manual de Bachillerato Sol y sombra, Bordas, 1985) escrito por unos tales Pierre y J.P. Duviols, hacen un compendio de cultura hispánica donde no figuran ni Ortega, ni Azorín, ni Menéndez Pelayo, Eugenio d´Ors, Galdós, Maeztu, Madariaga o Pedro Salinal. En cambio hay páginas dedicadas a Fidel Castro y a Salvador Allende. Y los únicos poetas citados son Lorca y Miguel Hernández. En la España de Zapatero, con la penosa reforma educativa, la invención de la Historia, el estatuto, la memoria de no se sabe bien qué y los pactos inconfesados, la impresión podría aún resultar peor.

Jean François Revel dedicó su vida a servir y buscar la verdad y tuvo el valor de comunicarla. Por eso su extensa obra es la negación permanente del conocimiento inútil. Pocas experiencias más provechosas intelectualmente existen que sumergirse en las páginas de Revel. Merece la pena.

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Fuente: elsemanaldigital.com, 3-5-2006

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 Luis Racionero: "Galbraith y Revel"
Se mueren a pares los maestros que leímos —y entendimos— en la juventud. Pienso que la claridad es la cortesía del pensador, y no leo a los confusos porque la verdad nace antes del error que de la confusión. Por eso leo a Ortega y no a D’Ors, a Savater y no a Rubert de Ventós.

Revel era un intelectual del temple de Raymond Aron, al cual Sartre llamó perro por no ser comunista en un gesto de “apertura” intelectual muy propio del engreído Sartre y la insoportable Beauvoir. Jean Francois Revel fue otro “perro” que osó denunciar a los marxistas cuando la moda intelectual los había idealizado. Su obra es un análisis de los fallos, errores, inconsistencias e hipocresías de la izquierda, lo cual es una osadía poco corriente. Alejo Carpenter lo sabía y dijo, según menta Cabrera Infante: “¿Aislarme en Francia? ¡Idiota! Como si yo no supiera (sic) que el escritor que se pelea con la izquierda está perdido!”.

Revel se peleó a fondo y, sin ser un reaccionario, expuso las contradicciones e incluso engaños de las izquierdas. No se lo perdonaron y fue tachado de conservador casi facha, cuando en realidad, como Aron, era un intelectual lúcido que no se casaba con nadie y decía lo que pensaba desde un punto de vista liberal y democrático.

Galbraith no lo tuvo tan difícil porque en USA existe el sustrato de sentido común inglés que impide que un filósofo diga las tonterías que dijo Sartre, ni beatificar a ningún maitre a penser tan precario y mediocre como Sartre. En EEUU hay liberales que no están obligados a acatar el pensamiento único de los marxistas, que pueden criticar el sistema capitalista sin hacerlo desde los postulados de Marx, ni las consignas del PC. Su libro El Nuevo Estado Industrial fue para mí una biblia, allí entendí las claves del sistema industrial capitalista y lo mucho que esa realidad se diferencia de como está explicado en los libros de texto de economía. La “tecnoestructura” y el “complejo militar-industrial” son conceptos inventados por J. Keneth Galbraith para describir la realidad de quien manda en las empresas.

Kennedy lo envió de embajador a la India y se lo pasó tan bien que en el avión ligó con aquella actriz de Hollywood que salía en películas del oeste, cuyo nombre, obviamente, he olvidado. Ella no le habrá olvidado a él, porque era un hombre elegante, sabio, agudo, alto, guapo, cátedra de Harvard. ¡Para qué seguir! Con Galbraith se va el glamour de la época Kennedy y el poco que jamás hubo entre los economistas, que se parecen más bien a Estapé.

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Fuente: estrelladigital.es, 3-5-2006

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