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LIBROS : DAVID HUME, Ensayos morales, políticos y literarios
Enviado por Leviathan el 25/3/2011 9:02:52 (8089 Lecturas)

  Traducción de Carlos Martín Ramírez. Edición, Introducción y Notas de Eugene F. Miller. Ed. Trotta, Madrid, 2011. 580 págs. 25 euros.
Por fin una cuidada edición de los "Essays, Moral and Political" del gran filósofo escocés. Sin duda, el libro del año.

Reseña de Juan Malpartida

UN ESCÉPTICO MODERNO

Los británicos han dado, como mínimo, dos grandes figuras que están en la base del pensamiento científico y filosófico moderno, Isaac Newton y David Hume. Kant se liberó del sueño del dogmatismo metafísico, como reconoció y es evidente en su decisiva obra, gracias al autor de Investigación del entendimiento humano. Hume no fue un filósofo tan coherente y exhaustivo en su investigación como Kant; sin embargo, se interesó por asuntos que le dan una mayor amplitud como intelectual: la Historia, la política de su tiempo, la literatura. Escribió una amplia Historia de Inglaterra, que le dio fama y dinero, en la que se inclinó hacia los conservadores contra los liberales y a favor de los escoceses en demérito de los ingleses. Es autor de un buen número de trabajos menores, siempre asistidos por el apoyo filosófico, que ahora publica en español la editorial Trotta bajo el título de Ensayos morales, políticos y literarios.

Hume nació en Edimburgo en 1711, en el seno de una familia calvinista, pero no tardó en apartarse de todo tipo de creencias; incluso, según el filósofo A. J. Ayer, de cualquier atisbo de deísmo. Su pasión por la filosofía fue temprana y brillante, aunque sus obras propiamente filosóficas tardaron en ser valoradas, a diferencia de las políticas, en las que defendió, además de lo mencionado, el libre comercio, idea que desarrolló su amigo Adam Smith.

El yo no existe

  Hume vivió en Francia entre 1734 y 1737, en Reims y, sobre todo, en La Fleche, donde escribió su obra principal, el Tratado sobre la naturaleza humana. En aquel país hizo amistad con Diderot, D?Alembert y el barón D?Holbach, y se enamoró de la condesa de Boufflers. No obstante, se mantuvo soltero. Al volver a Londres, se llevó consigo a Rousseau, que quiso refugiarse allí de las persecuciones, reales e imaginarias, y acabó acusándole de conspirar contra él.

Hume tuvo algo de estoico en la manera en que vivió su vida, y apostó siempre por el lado favorable de las ideas y de su carácter. Fue un firme escéptico, defensor de la comprobación experimental. Liberó de la ilusión y la hipótesis al pensamiento de su época, inaugurando el de la modernidad. No obstante, situó a la razón como dependiente de la imaginación y las pasiones, porque la razón, según él, sólo se ocupa de la verdad o la falsedad, y no es el motivo de la acción de la voluntad. Las ideas, afirmó, son hijas de la imaginación.

Heredero de Locke y de Berkeley, su gran apoyo, quizás, estuvo en Pierre Bayle. Hume teorizó un escepticismo radical, apoyado en el rechazo del principio de inducción. En otro aspecto, en sus estudios de psicología negó la idea de sustancia: no tenemos ninguna impresión del yo, luego no existe. En cuanto a sus ideas sobre la moral, quiso deslindarla de toda autoridad, incluida, obviamente, la religiosa. Es curioso que no pensara en la moral como utilidad, sino sólo en sus posibilidades de verdad.

«Del suicidio»

Estos Ensayos se basan en la edición póstuma de 1777, a la que ahora se han sumado textos tan notables como «Mi vida», «Del suicidio» y «De la inmortalidad del alma»; los dos últimos escritos en 1755 y retirados en su momento por sugerencias del editor. En ellos encontramos afirmaciones como estas: «Las vidas humanas dependen de las mismas leyes que las de los demás animales, y están sujetas a las leyes generales de la materia y el movimiento»; «Los argumentos físicos son los únicos argumentos filosóficos que habría que admitir en relación a esta cuestión (la inmortalidad del alma) y respecto a cualquier cuestión de hecho»; «La naturaleza no hace nada en vano».

No fue un espíritu seco sino lúcido y valiente, fiel a su amor al saber e insobornable ante la muerte, que no torció en nada su buen carácter ni ninguna de sus ideas. Es cierto: su escepticismo parece refutado por sus ensayos, pero creo que fue consciente de ello. Este volumen, admirablemente editado y traducido, recoge un apéndice con las variantes textuales.


Fuente: ABCD las Artes y las Letras. 19-3-2011

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