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LIBROS : PETER SLOTERDIJK, Ira y tiempo
Enviado por Dewey el 5/3/2011 10:03:25 (6700 Lecturas)

 Ira y tiempoEd. Siruela, Madrid, 2010. Traducción de Miguel Ángel Vega Cernuda y Elena Serrano Bertos, 292 págs.

Arsenales de odio

Reseña de Rafael Fuentes

Recuerden 28 días después, de Danny Boyle, continuada por la aún más impresionante 28 semanas después, de Fresnadillo, donde unos laboratorios militares fabrican el «virus Ira» cuyo contagio trasforma al infectado en un depredador que despieza en segundos a quien encuentra en su camino. Desprovisto de ese factor delirante, propio del género de terror, el estudio de Peter Sloterdijk sobre la naturaleza e historia de la ira occidental coincide con ambos filmes en señalar el carácter político y estratégico de la cólera colectiva en la época moderna. El filósofo alemán, protagonista de la polémica con Habermas sobre los continuos brotes de la barbarie humana, era uno de los pensadores más aptos para analizar las explosiones de violencia de masas. Y su reflexión no defrauda. Tras apuntar que, en sus inicios, la ira se veía como un don sacro otorgado por los dioses a los guerreros privilegiados -como se narra en la Iliada la cólera de Aquiles-, el furor moderno, por el contrario, es administrado fríamente por estrategas que lo emplean como violencia revolucionaria absolutamente terrenal.

Prejuicios burgueses

Para ello, es indispensable domesticar primero los brotes de ira, para almacenarlos después, y trasformarlos en un gran arsenal de odio que aniquile al enemigo político. En Ira y tiempo se considera la revolución violenta como un «banco de odio» que hace acopio de los rencores individuales para acrecentarlos y guiarlos a través del tiempo con arreglo a un plan de venganza. Sitúa su comienzo en el racionalismo ilustrado, donde inteligentes cabezas pensantes exploran cualquier rincón del pasado para encontrar hechos que puedan presentarse como agravios que exijan venganza. Se trata, pues, de una ira culta. El terror jacobino en la Revolución Francesa fue su primera aplicación práctica, y Danton el previsible creador del terrorismo de Estado.

Sloterdijk corrige a Heidegger, mostrando el inmenso poder psíquico del odio. Si para el autor de Ser y tiempo, la unidad de la persona se verifica cuando ésta es consciente de su inevitable muerte, para Sloterdijk esa unidad es aún más eficaz cuando la vida se dirige hacia una meta estimulantemente poderosa, como la espera del día de la ira en los sueños del revolucionario violento. Es un incentivo vigoroso, encubierto con una hipócrita apariencia de idealismo. De ahí procedió la energía anímica de los dinamiteros anarquistas del siglo XIX, y la que impulsó a las masas manipuladas por Lenin, para quien la renuncia a la tortura o al homicidio no eran más que «prejuicios burgueses». No es extraño que la epopeya de la venganza escrita por Dumas bajo el título de El conde de Montecristo se publicara solo tres años antes que el Manifiesto del Partido Comunista: la ira de su protagonista, Edmond Dantès, lejos de la cólera de Aquiles, es una ira refrenada, racionalizada y administrada mucho tiempo después con la más fría saña.

Ambos libros tenían en común el mismo mesianismo de la represalia, pero con una gran diferencia. Dantès actuaba solo, y para sí mismo, en tanto que las masas movidas por la cólera lo hacen para elevar a los líderes revolucionarios hasta convertirlos en tiranos despóticos, que sojuzgaban a la misma colectividad que los había alzado al poder con idénticas armas: generar tanto horror que el sufrimiento y el miedo paralice a cualquier oponente.

Fidel Castro y Dantès

El modelo estaba servido para Mussolini, Hitler, Stalin, Mao y todos los grandes gestores del odio. ¿Pero se ha extinguido ese contagioso «virus Ira», fantaseado por el cine gótico? ¿El terrorismo islamista puede establecerse como un nuevo banco de odio? Sloterdijk piensa que sería exagerado creerlo así, pues vaticina que su ideología vengativa está destinada a un conflicto interno. Sin embargo, no sería un despropósito estar atentos a sueños como los de Fidel Castro, que pasaba largas tardes en La Habana deleitándose con los actos de su héroe favorito: el protagonista de El conde de Montecristo. ¿Qué sueñan los Dantès de carne y hueso? Esta confesión de Stalin lo puede ilustrar: «Elegir una víctima, preparar cuidadosamente el golpe decisivo, calmar inexorablemente la sed de venganza y echarse a dormir? No hay nada más dulce».

Rafael Fuentes


Fuente: ABCD las artes y las letras, 26-2-2011

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