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NOTICIAS : Bernard-Henri Lévy reconoce que le han 'pillado'
Enviado por Dewey el 10/2/2010 23:33:58 (6096 Lecturas)

  POLÉMICA | El autor mencionó a un filósofo inventado. Jean-Baptiste Botul no existe, pero Bernard-Henri Lévy (BHL) ha demostrado lo contrario citándolo como referencia académica de sus tesis antikantianas.


El filósofo 'chic', en efecto, menciona las conferencias de Botul en la Pampa y recurre a unas reflexiones aireadas en Paraguay. Ignorando que Botul es un invento del profesor y sátiro Frédéric Pagès. Suyo es el 'Diario de Carla B' (Carla Bruni) que aparece los miércoles en semanario 'Le Canard Echaîné' y suya fue también la idea de engendrar a un pensador postkantiano y extravagante.

"Resulta que fue una patraña", admitió BHL en la web de su revista 'La Regle du Jeu'. "Fue una patraña realmente brillante y muy creíble. Así que me han pillado, a mí y a los críticos que leyeron el libro cuando se publicó. Así que lo único que puedo decir, sin remordimientos, es: ¡Felicidades al artista!".

  Llama la atención que BHL no se percatara de semejante travestismo. Y que concediera valor filosófico a las absurdas obras de Botul. Entre ellas 'La vida sexual de Kant' y 'Landru, precursor del feminismo', ambas escritas con la pluma impostora de Pagès. El desliz de Henri Lévy recorre la web, los mentideros y la prensa seria. De hecho, fue un artículo aparecido en 'Le Nouvel Observateur' el que alertó del traspiés de BHL. Grave e insólito en la medida en que el filósofo francés cita a Botul para demoler a Kant.

"Después de la Segunda Guerra Mundial, y en una serie de conferencias a los neokantianos de Paraguay, Botul les demuestra que su héroe es un falso abstracto, un puro espíritu de pura apariencia", escribe BHL a propósito de la tesis antikantiana.

Semejante conclusión puede leerse en la página 122 de 'De la guerra en filosofía'. Un compendio de reflexiones publicado por la editorial Grasset que el propio autor considera como la quintaesencia de sus valientes posicionamientos filosóficos.

Así se explica el revuelo y hasta el escarnio que han suscitado sus elogios al pensamiento de Botul. La voz aparece en la enciclopedia Wikipedia, aunque los pormenores biográficos, la trayectoria vital (1896-1947) y el catálogo de sus obras no pueden sustraerse a la advertencia preliminar del texto: "personaje ficticio creado por Frédéric Pagès".

Quede claro, además, que el pensamiento de Botul y sus libros se articulan siempre en el sarcasmo y la extravagancia. Empezando por el siniestro Landru, a quien el filósofo inexistente le atribuye un tesoro epistolar y un papel de pionero en el movimiento feminista.

Hablamos de Henri Désiré Landru, cuyo apodo, 'Barba Azul', hizo correr ríos de sangre y de tinta a cuenta de su historial de asesino en serie. Mató y desolló a 11 mujeres, de modo que sus razones protofeministas interesaron a Botul y dieron origen a un libro. No lo ha tenido en cuenta Henri Lévy, pero el filósofo francés sí parece haber otorgado credibilidad a 'La vida sexual de Kant'. Necesitaba leña para quemar al maestro de Königsberg y para demonizarlo entre las páginas de 'De la guerra en filosofía'.

Hasta el extremo de que lo califica como "un loco furioso del pensamiento y un enrabietado del concepto". Tiene sus propias razones BHL, pero apela igualmente a las de Botul como garante de su diatriba al autor de la 'Crítica de la razón pura'.

Queda en entredicho la oleada publicitaria, mercadotécnica y mediática que había preparado Henri Lévy para divulgar sus dos últimas obras. El filósofo se deja fotografiar moreno y altivo en las entrevistas que concede a los semanarios de gran tirada. También se ha multiplicado en los platós televisivos y en los programas radiofónicos, pero el caso Botul amenaza con relativizar la campaña y hasta la credibilidad de sus textos.

Más aún cuando él mismo escribe que "la verdadera cuestión para un filósofo estriba en saber cuáles son sus adversarios y no sus aliados". Puede tener razón, aunque el procedimiento selectivo podría utilizarse para distinguir a los existentes de los inexistentes.

Comenzando por Jean-Baptiste Botul. Sus hitos y su leyenda han dado nombre a un premio literario que se entrega sistemáticamente a un miembro del jurado. Mérito de la ironía de Frédéric Pagès, cuyos deberes de paternidad respecto al filósofo fantasma explican la construcción de una biografía. Se le atribuyen a Botul amores con Marie Bonaparte y con Simone de Beauvoir. También se le relaciona con Zapata y con Pancho Villa. En ambos casos antes de divulgar en la Pampa la palabra de Kant.


Fuente: elmundo.es, 9-2-2010

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Envió Hilo
d_peralta2008
Enviado: 11/12/2011 11:43  Actualizado: 28/9/2012 10:43
Usuario de honor
Conectado: 2/12/2011
Desde: Argentina
Envíos: 139
 Re: Bernard-Henri Lévy reconoce que le han 'pillado&...
Os felicito por el artículo, no solo es interesante y relevante tal dato, sino que ademas, resulta divertido. Hay muchos casos como este, no obstante me gustaría contaros que en Argentina, nuestra Presidente (o presidenta como ella misma gusta llamarse), cometió varios furcios, entre ellos, el de asignarle al Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes Saavedra, la frase "Ladran Sancho, señal que cabalgamos". Inadmisible en una mandataria que se jacta de su magna cultura. Ladran, Sancho, señal que cabalgamos [sic, por «Ladran, Sancho, señal de que cabalgamos»].
Variante: «Ladran, Sancho, luego cabalgamos.
Una frase frecuentemente atribuida a Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes, no aparece en ninguna parte del libro. El origen, según Arturo Ortega Morán es el poema Labrador (1808) de Goethe: «Pero sus estridentes ladridos / sólo son señal de que cabalgamos». La adición del nombre Sancho se produjo, por error, en algún momento de la primera mitad del siglo XX. Eva Perón utilizaba esporádicamente esta frase. Podría ser, igualmente, una forma evolucionada del proverbio árabe "Los perros ladran, la caravana pasa", bien conocido en la España medieval y que también pasó al acervo de refranes judeo-españoles. En su forma actual se recoge también en la versión cinematográfica Don Quijote, de Orson Wells.
Una variante: «Ladran, Sancho, señal que son perros'''. Un respetuoso saludo.

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