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LIBROS : RAFAEL DEL ÁGUILA, Crítica de las ideologías. El peligro de los ideales
Enviado por Dewey el 3/2/2009 1:07:32 (8250 Lecturas)

Rafael Del Águila, Crítica de las ideologías  Editorial Taurus, Madrid, 2008. ISBN 978-84-306-71-9. 216 páginas. Último libro del recientemente fallecido politólogo español.


Resumen

Los grandes ideales políticos nos prometen sentido para nuestras vidas, justicia para el pueblo, un futuro feliz y perfecto. Y, sin embargo, los ideales son peligrosos. Lo que hacen por nosotros lo hemos pagado siempre extremadamente caro. Su supremacía durante los últimos siglos arroja un balance estremecedor: violencia, asesinatos en masa, guerras totales, terrorismo, limpiezas étnicas, campos de concentración, exterminios, genocidios… Parece que la profundidad de la fe en los ideales es directamente proporcional a la crueldad y el horror que se utilizan para hacerlos realidad.

Rafael del Águila, Crítica de las ideologíasCada uno de los grandes ideales analizados en este libro —emancipación, autenticidad, democracia— son el centro de constelaciones ideológicas y movimientos muy diversos: nacionalistas, fascistas, racistas, fundamentalistas, terroristas islámicos, imperialistas ilustrados, cristianos milenaristas y providencialistas, neoconservadores. A pesar de las diferencias que existen entre ellos, algo les une: cómo creen lo que creen. Sus ideales son absolutos, ciertos e ineludibles. Guiados por una fe ciega, los militantes del exceso suponen que algo más alto está de su lado: un dios, una ciencia exacta, un racismo científico, unas raíces ancestrales, una identidad indudable, la libertad de todos.

Con esta crítica de las ideologías, Rafael del Águila busca entender cómo los ideales cimientan la violencia y qué es lo que impulsa, a través de la historia, la proliferación del asesinato político.

Índice

INTRODUCCIÓN . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 13
1. LA ERA DE LA VIOLENCIA IDEALISTA . . . . . . . . . . . . . . . . . . 19
Un siglo despiadado . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 19
Los ideales y la gente corriente . . . . . . . . . . . . . . . . . 24
El poder de los ideales, el poder de la ideología . . . . 31
Ideales implacables . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 36
2. EMANCIPACIÓN: REVOLUCIÓN Y UTOPÍA . . . . . . . . . . . . . . . 43
Ideales absolutos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 43
Milenarismo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 45
Revolucionarios . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 47
Ética y política: Georg Lukács . . . . . . . . . . . . . . . . . . 50
Ingenieros de almas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 53
Violencia . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 55
3. AUTENTICIDAD: IDENTIDADES, ETNICIDAD Y
FUNDAMENTALISMO . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 59
Identidad y culturalismo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 59
Nacionalismo radical . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 64
Racismo fascista . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 67
Ferocidad identitaria . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 71
Fundamentalismo cristiano . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 76
Fundamentalismo islámico y terrorismo . . . . . . . . . . 79
4. DEMOCRACIA: CIVILIZAR Y GLOBALIZAR . . . . . . . . . . . . . . . 95
Ilustración y racismo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 95
Imperialismo: «civilizar a los salvajes» . . . . . . . . . . . . 103
Desposeer a los bárbaros . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 105
La conquista del Oeste . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 109
«Un ángel dirige la tormenta»: Dios y la política
de George W. Bush . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 113
Guerras neocons . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 127
5. MODERNIDAD Y DEMOCRACIA: UN AJUSTE DE CUENTAS . . . . 149
Las culpas de la modernidad . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 149
Premodernidad y violencia . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 155
El lado oscuro de la democracia . . . . . . . . . . . . . . . . 159
6. POLÍTICAS DE MESURA . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 169
El peligro de los ideales . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 169
Políticas de mesura . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 175
AGRADECIMIENTOS . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 183
NOTAS . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 185


Nocivos ideales
Reseña de Helena Béjar

La tesis del último libro del malogrado Rafael del Águila, uno de los mejores teóricos políticos españoles, versa sobre el peligro de los ideales, en concreto los desarrollados en la modernidad y hasta hoy. «No hay política de poder que no se apoye en un gran ideal para justificar sus horrores», afirma el autor en la introducción. Los males políticos necesitan legitimidad, ya que los hombres son animales que buscan sentido a sus acciones, tanto más cuanto más extremas sean. Así, contra lo que se suele pensar, no es la ausencia de creencias lo que genera el exceso, la implacabilidad o el terror, sino su sobreabundancia. A lo largo de la Historia los ideales se han sucedido: Dios, la patria, la nación, la clase, la democracia, los derechos humanos.

Pensamiento implacable. La alianza entre ideales y horror (concretada en los campos de exterminio y en las guerras recientes por la democracia) genera el «pensamiento implacable», por el cual se persigue la realización de un ideal colectivo a cualquier coste. Puesto que los ideales nos alejan del nihilismo y proveen de objetivos vitales, son reconfortantes. De ahí su buena fama. Además justifican los excesos de la acción política: «Multiplican las oportunidades de ejercer el mal sobre otros seres humanos manteniendo, sin embargo, la buena conciencia». Ante la exculpación de los ideales y la creencia de que son los malos o los equivocados los causantes del espanto, el autor se expresa taxativamente: «No, los ideales son nocivos porque justifican cualquier transgresión».

Del Águila no deja lugar a dudas. Ni siquiera apunta la funcionalidad de los ideales si éstos toman un sentido de reguladores de la acción, al modo kantiano. Desde este punto de vista, los ideales deben informar la acción política para corregir, en la medida de lo posible, el ser mirando al horizonte del deber ser. (Una postura defendida por un autor tan poco idealista como Giovanni Sartori.) Del Águila quiso hacer un libro polémico y llevar sus tesis hasta el final. Entre los ideales a los que pasa revista, especial interés tiene la «constelación ideológica» de la emancipación, que incluye la revolución y la utopía. Entre las perlas que se citan para ilustrar los apoyos de los intelectuales a dichos proyectos, se encuentran las palabras de Lukács, que reconoce que «el bolchevismo se basa en la hipótesis metafísica de que el bien puede surgir del mal», así como la necesidad de que el individuo sacrifique sus valores «en el altar de una idea superior, de una misión histórica universal». (Como referencias ineludibles a la crítica del ideal emancipatorio unido a la Historia preñada de necesidad, hay que recordar a Arendt, crítica de la Revolución francesa, y al Furet estudioso del proyecto comunista.)

El Holocausto y el Gulag. Del Águila corrige valientemente la clásica vinculación, desde los frankfurtianos, entre modernidad, racionalización y exterminio: «No es la técnica lo que empuja el proceso, sino las constelaciones ideológicas las que empujan [la máquina automatizada y burocratizada] para lograr sus fines». No es, pues, el uso que el Estado hace de la burocracia moderna, sino la fanatización de las ideas, lo que trajo el Holocausto y el Gulag.

Menos evidente me parece entender la democracia como un ideal, y menos que éste sea la legitimación de las guerras de Afganistán e Irak. Tal es la tesis de John Gray, que Del Águila sigue. Es cierto, como éste dice, que en el ideal de democracia anidan la transparencia y la autoidentidad, que llevan a la unanimidad y a la comunión entre gobernantes y gobernados. Tal sucede en Rousseau. Pero es la creencia en la modernización -y antes en la civilización-, y no la democracia, lo que trató de legitimar las últimas guerras, tras las cuales se urde una rama de intereses aliados con la élite estatal estadounidense. No veo, pues, equivalencia entre las constelaciones de valores emancipatoria, identitaria y democrática.

Como conclusión, se pide en este libro una política de mesura cuyos principios se sostienen tentativamente, sin fundamentos ideales: «Estamos solos, sin excusas». Por eso la empresa es construir no la Liberación, sino las libertades; no un mundo justo sino uno más decente. A la construcción de un mundo mejor, más honesto y claro intelectualmente, contribuyó sin duda Rafael del Águila.


Reseña publicada originalmente en ABCD las artes y las letras, 24-1-2009
Este documento tiene copyright.


Para leer un fragmento de este libro pulse aquí. (Introducción, formato pdf)


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