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Filosofía política por izquierda y derecha
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Escrito por Lic Ramón D. Peralta




Evidentemente Copia-oculta.org, está rompiendo con el onírico mito del escepticismo supuestamente racional, so nunca imaginé que, pudiera reunir a tanta gente en torno a un fogón, que está mas "apagado" que "encendido". Y no es quiera dejar de ser un escritor demagogo, pero en verdad, hay temas solicitados que me aburren por recurrentes o - vaya a saber por qué otro motivo -, me abruman de hastío y menosprecio. No obstante, haré el esfuerzo por no desilusionar a mis lectores frecuentes mas de lo que suelo hacerlo. Por suerte el masoquismo literario aun sigue vigente.


Me preguntaron ¿Por qué en programas como "678", siempre los análisis giran en torno a demarcar el mayor rango posible de distancia entre izquierda y derecha?. Y como es un tema que "creo" no amerita (para mi) un gran interés, me parece un asunto menor para la filosofía, y para el ciudadano en general, también.

Si no existiera la escisión entre izquierda y derecha, el hombre habría inventado el mismo tipo de división, quizás con una "localización" distinta. Norte vs sur, igualitarios vs libertarios, utilitaristas vs utopistas, brillantes vs opacos, los de allá vs los de acá, romulanos vs klingons (...) etc. La necesidad del hombre de auto-referenciarse y autoexcluirse en la lucha, parece gozar de cierta "naturalidad". Hoy hay que fumarse a modo de vacuos e insustanciales slogans, la refritada: derecha vs izquierda o viceversa. En verdad, es un tópico que solo pueden sostener los haraganes de intelecto.

No veo en 678, un fenómeno que se salga de lo que, en el argot se denomina "normalidad". En Argentina, han existido muchos "678" (aunque con menos gente en escena), es decir, programas televisivos pergeñados con una misión lozana: constituirse en los heraldos y apologistas públicos del poder de turno. En lo personal, no me molesta en absoluto, es mas, hasta me parece divertido. De hecho, es interesante que haya una "corpo" que enfrente bajo los mismos términos a la otro "corpo". Enriquece la democracia de dogmatismo y debates póstumos. Ya que nadie habla con nadie, cuanto menos, que los clichés proselitistas tengan la misma oportunidad ante las masas.

Los panelistas de 678, son muy hábiles para transformar cualquier noticia de actualidad, sea nacional o internacional, en una refriega de utopías contra distopías, quienes salen expelidas al final del proceso, en envases molécticos de: izquierda vs derecha. Porque los dogmas, en éste caso político, funcionan como astros de alta gravedad, que impiden que la discusión o retórica se salga de ese espacio. En esos agujeros negros mentales, todo será succionado hacia su punto de fuga gravitatorio, para condesar toda idea posible en un pequeño y minúsculo punto de evanescencia. De esa forzada divinización de la izquierda, se expande su antimateria, la satanización de la derecha. Lo mismo hacen varios programas televisivos de TN, pero con imágenes invertidas. Así pues, se establece una suerte de "leyes naturales universales" de coexistencia vitalista entre izquierda y derecha. Claro que en una dimensión, que está mas allá de la coherencia.

Pero la concepción dogmática, no es una entidad que pueda vivir por si sola, ergo necesita del prisma focal humano para que logre ocupar y capturar la nada, que tiene en el mundo de lo real. Es un mundo imaginario, que solo pervive en la mente de los dogmáticos, excluyente. No obstante, el ser en cuanto a su ser, lleva consigo de manera esencial, la carga del multiverso, la misma que lo obliga a - en caso de abandonar un dogma -, saltar a otro. Porque la ingeniería de pensamiento dogmático, es inmanente a la percepción del tiempo, y a la vocación de anhelo por un porvenir mejor al que nos antecedió.

Es decir, que la crítica ontológica (a lo que hay), se torna en condición sine qua non respecto de la presupuesta condición evolutiva a conciencia del hombre como especie. En la mente del ser humano, está la clave de su distinción en el universo, ya que el universo solo se decodifica como imagen icónica de un cerebro originalmente prolífico en reprentaciones abstractas y simbólicas. Sin cuyo requisito, el hombre sería un animal mas, o menos.

La concepción de derecha o izquierda, nos habla del arduo trabajo que ha venido sosteniendo la filosofía, en pos de agrupar el pensamiento del hombre tras idealizaciones estancas y envasadas, que nada tienen que ver con la realidad - aquella que puede regurgitarse como perceptible a los sentidos y la conciencia. Las masas, padecen dentro de un rango muy escueto para pensar y tampoco filosofan, puesto que solo se entregan sigilosos a un dogma u otro, invirtiendo en esa cruzada, tanto emoción, alma como sentimiento. El hombre común, normalmente no elige libremente, en virtud que nace asediado por las estructuras inflexibles del dogma de sus padres y del medio que lo rodea y moldea.

No obstante, instrínsecamente todo hombre lleva consigo la semilla de la rebeldía y la autocrítica, que en mentes mas afortunadas, se manifiestan en forma de gesta reivindicadora del cambio. Esto también nos insinúa, que al parecer somos presa de superfuerzas naturales que influyen severamente en la conciencia humana, quienes tienen el potencial de llevarnos a matar nuestro dogma para lograr ese cambio anhelado. Aunque no todos manifiestan ese poder interior, que nos mueve a enfrentar la resignación con algo mas que palabras e ideas.

Incluso, la lucha contra el dogmatismo, inherente a gran parte de la masonería, es en si mismo otro dogma: Pero es un dogma, cuya prescripción gira en torno a la neurosis permanente de la crítica "de la razón pura". El punto de restauración del pensamiento político, está en el tipo de moral y ética que hayamos construido en derredor. Por cuanto las reales diferencias fácticas entre los dogmas, se sostiene mas en la radicalización del punto gravitarorio, que en la necedad de su defensa. En otras palabras, es tan absurda la apología desenfrenada de la igualdad en la izquierda, como lo es la libertad individual en la derecha.

Porque en los hechos, esos teorizados "abismos diferenciadores" son tan sutiles, que se puede pasar caminando por ellos. No hay un solo hombre de izquierda que niegue la necesidad de la libertad en el humano, como tampoco hay un solo hombre de derecha que niegue la necesidad de la igualdad del hombre en su vida en sociedad, siempre hablando en términos de absoluto. Y por cierto, las experiencias radicalizadas o fundamentalistas, tanto de la izquierda como de la derecha, han dejado un sabor amargo en ese conocimiento mas allá de lo tácito.

La paradoja se establece, cuando en esa deconstrucción de lo moral y ético, nos topamos con una supuesta necesidad de establecer fuertes anclajes ergo dogmatizar esa eticidad y moralidad. Quizás debamos consensuar algunos tópicos morales, y elevarlos por sobre la misma filosofía y la metafísica del lenguaje; pero subayentes a la movilidad que demandan los cambios evolutivos de la sociedad en el tiempo.

La razón teórica no puede demostrar la existencia de la libertad pues solo es capaz de alcanzar el mundo de los fenómenos, mundo en el que todo está sometido a la ley de causalidad, y por lo tanto en el que todo ocurre por una imaginaria necesidad natural. Sin embargo, desde la perspectiva de la razón pragmática, y si queremos entender la experiencia moral, cabe la defensa de la existencia de la libertad: si en sus acciones las personas están determinadas por causas que se intuyen naturales, es decir; si carecen de libertad, no podemos atribuirles responsabilidad, ni es posible la conducta moral. De este modo, la libertad es la "ratio essendi" (la condición de la posibilidad) de la moralidad, a la vez que la moralidad es la "ratio cognoscendi" (lo que nos muestra o da noticia) de la libertad.

En el aquí y ahora, la globalización de gran parte de las actividades de la polis, se han mancomunado en la indiferencia a ciertas expresiones exageradas de dogmatismo, toda vez que ya casi no quedan gobiernos donde se prescinda de la libertad y la igualdad.

La ciencia política, se muestra altiva en esa obstinación por seguir marcando distinciones donde solo hay una comunión en proceso. La sociología, como exégeta del rumbo de la filosofía política, suele verse enfrascada en vicisitudes obsolescentes, en la medida que sus factatums, se resisten a reconocer el falso diagnóstico como fruto de la mala praxis. Porque precisamente la misión del exégeta no es prevalecer, sino el de entender primero para luego traducir esa manifestación de realidad política evidenciada.

El éxito es una impostora palabra que invoca un momento de coordinación de lo deseado con lo alcanzado, en un mismo espacio de intencionalidad, pero que no habrá de mantenerse eterno ni inmóvil. El éxito antecede al fracaso, en un ciclo in eternum, tal si fuere el mismo uróboros. El fracaso, como acción de reconocimiento del yerro, y como aspiración de crecimiento y superación en simultáneo, es nodriza del éxito futuro. Tras la aceptación del propio fracaso, superviene el éxito como destino inexorable. Solo vive en el fracaso quién nunca lo asume como tal , porque el consciente de ello, consagra su vida a la lucha por el cambio, siendo esa lucha inverosimil, el fundamento último de la vida.

La cuestión de la dosificación de libertad e igualdad, parece estar siendo solucionado por la pluralidad y por el multiclasismo cultural. Lugar donde todos los puntos convergen, para a posteriori disolver los antagonismos. Los derechos humanos, como la determinación de los espacios de lo público y privado en la política del hoy en occidente, está propiciando una nueva dimensión de fraternidad, encuentro y convivencia.

El agonismo neomarxista, tanto como el neoliberalismo corporativo, ya no tienen sus cetros asegurados. Y ciertamente, sin darse cuenta los añejos dogmáticos argentinos, amantes de la buena pelea, de la pendencia, de la pasional lucha callejera, del berrinche infantil, del desapego al debate franco, honesto e inteligente; son quienes mas desdeñan estos nuevos vientos que amenazan con despejar tan prolongada tormenta. Los dogmáticos viven en el miedo, aun estando en posesión de la suma del poder, porque la intención de éste estilo de hacer política, no es la de alcanzar la superación y resolución de los problemas del ciudadano, sea quien fuere, sino la de prevalecer en cuanto a su dogma y caudillo.

Para los tiempos que vienen, la crítica será la moneda corriente, ya que un ciudadano instruido no tiene porqué idealizar a un político ni sus estentóreas proclamas y promesas. El rol del ciudadano del siglo XXI, es y será la de velar por sus propios intereses introyectados en el colectivo, de tal manera que los gobernantes sean vistos solo como administradores de turno de nuestros recursos. Porque, esa visión mesiánica, mítica y omnipotente que venden programas como "678" sobre una persona que ya lleva 8 años en el poder, es simplemente inadmisible para el devenir de la política. Esa actitud de renuncia ante el riesgo de cambio, forma parte del dogma mas conservador y retrógrado de la historia del hombre, sin que sea necesario considerar si es de izquierda o derecha.

Dogmas como el que augura el kirchnerismo, proponen básicamente la misma solución a diversos problemas. El pluralismo republicano siglo XXI, se soporta en el debate de ideas y metodologías, so para que, ante un problema - haya muchas soluciones. El mundo sensible en el que vivimos no se retuerce entre blanco sobre negro, ergo hay un número extensible y no finito de posibilidades para nuestro futuro. La ciencia, la espistemología, la filosofía (...) el intelecto del hombre, tienen el don de proveernos de una cantidad no determinista de algoritmos o caminos elegibles para mejorar la ARGENTINA.

Cuando votamos a Néstor kirchner en el 2003, asumimos el riesgo del cambio ante lo desconocido, ¿Por qué no habríamos de correr el mismo riesgo en el 2015?. La sempiterna cantinela de eres de izquierda porque no eres de derecha o viceversa, solo se explica en ésta señera forma de estupidización estandarizada de la política. Cristina y ningún otro caudillo político, se puede arrogar la representación de la eternidad, de la perfección, de un pueblo o de toda una nación, (...) que sirva esto como lección y corrección. Es estimulante asumir el riesgo de que algo cambie. ...Es estimulante asumir el riesgo de que algo cambiehttp://www.copia-oculta.org/2015/01/filosofia-politica-por-izquierda-y.html

Enviado el: 13/1/2015 11:50
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