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Filosofía: Vivir en el tiempo y el espacio siglo XXI
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Escrito por Lic Ramón D. Peralta

SEGUNDA PARTE DEL ENSAYO: "SER Y NO SER EN LA NADA SIGLO XXI"

INTRODUCCIÓN Y AUTOPSIA DEL EXISTENCIALISMO


La Filosofía de la Ciencia y mas precisamente la Filosofía Cuántica en complicidad con la ciencia homónima, ha podido falsear o comprobar acorde los cánones poppereanos; que la percepción del tiempo y del espacio responde, mas que a las falencias y fallas de "fábrica" de nuestros sentidos; a una programación predeterminada de nuestras funciones conscientes, registrales y asociativas. El lóbulo frontal es nuestro gran "disco duro". La cultura nos ha moldeado, tal como lo hacen los dogmas religiosos, políticos o cientifistas. Eso explica por qué hay tan pocos científicos y filósofos, y tantos pasionales y demenciales "idealistas" encolumnados tras "nobles causas invisibles". La flexibilidad de los esquemas intelectuales, intuitivos y cognitivos, son un bien escaso, muy escaso.


Hace muy poco, un lector me preguntó: ¿Y para qué sirve la filosofía?, y aunque la respuesta siempre estuvo ante sus narices, nunca la pudo ver. Sin saberlo, ese joven estaba filosofando, porque justamente la filosofía nos sirve en la duda existencial, pedagógica, auto-referencial y cosmogónica, la misma que lo llevó a formularse la pregunta: ¿para qué sirve la filosofía?. Luego de que le pasé la información, aun partiendo de la capciosidad y la animadversión, finalmente asintió haber entendido con un: ¡Gracias!.



Esto explica en gran medida, el porqué las personas fracasan en los exámenes universitarios, en sus respuestas laborales o en un test de inteligencia. Las respuestas no siempre se ignoran, lo que falla mas frecuentemente (entre otros) es la percepción. y/o en un cuasi simultáneo; el análisis de la situación o la "topía". Las ideologías, la heurística, los sesgos cognitivos y los entretejidos dogmáticos y doctrinarios, son trampas y condicionantes mentales severos, ergo agudas patologías de la psiquis.



Por ejemplo: De todos los mediáticos y afamados economistas que leí últimamente en Argentina, tal vez Miguel Bein, haya sido el que mas se aproxima a mi linea de razonamiento. ¿En qué fallan los economistas y las empresas del sector privado cuando observan y analizan el rumbo o futuro de la economía vernácula?, se equivocan básicamente porque lo hacen con falencias pre-establecidas en sus abordajes, prejuicios y "orejeras". Ponen por delante, sus inflexibles esquemas asociativos, predictivos y deterministas a conciencia de un saber sesgado por los vicios de formación, una sutil expresión de dogmatismo menor, que sin embargo alcanza como para llevarlos a un Fi y Omega alejados de la realidad, cuanto menos; del tipo de realidad que nuestros sentidos pueden llegar a captar una vez que estos se exteriorizan.



Explicado de otra manera, mientras las empresas privadas hacen conjeturas y vaticinios económicos, en base al estudio del "mercado en cuanto a la esencia del mercado", el gobierno nacional hace lo propio en función de "la política en cuanto a las oportunidades de la política". Esa escisión profana, como diáspora y nominativo dualismo, separa el plano mesoscópico de la hierofanía proyectiva, haciendo que se extinga toda simbiosis capilar posible. Esto provoca que se pierda todo tipo de vínculo entre una dimensión y otra. Porque mientras unos piensan la economía en términos de ciencia y tecnicismos, los otros piensan la economía bajo un lenguaje de símbolos, marcas y estereotipos abstractos. Para las empresas privadas, administrar bien los recursos, significa ganancias econométricas bien definidas. En cambio para el poder político, como el que ejerce el kirchnerismo, las ganancias siempre se traducen en acumulación de mas poder, ya sea en forma de mayores restricciones a las libertades individuales, como en la prolongación de sus mandatos en el tiempo. Esto explica por qué no se entienden, y por qué unos y otros perciben y piensan la realidad de maneras tan diferentes.



Una suerte de vidas paralelas entre lo "tópico" y la "u-topía". Para abandonar éste ejemplo, diré que justamente los espurios, ignominiosos y absurdos debates que se dan entre kirchneristas y opositores, nacen tullidos desde el inicio; porque justamente el eufemismo "mercados" significa la defensa de los derechos y garantías individuales, lo que incluye obviamente la propiedad privada, mientras que el lenguaje que emplea el populismo, solo describe un "futuro in-nominado en el abstracto que beneficiaría a un colectivo que tampoco se circunscribe". La palabra "pueblo" se usa con fines proselitistas y de adoctrinamiento, pero per sé, en vez de agrupar y comprender a los habitantes de un mismo país, los divide en imaginarias castas antagónicas. Las ideologías políticas son la antimateria de la intelectualidad pura. Bajo estos escenarios ideológicos e hiperdogmáticos, siempre veremos la lucha de la política contra la coherencia.



Pero también las filosofías se ven condicionadas por esto, porque tampoco debemos soslayar que las ideologías y dogmas políticos, nacen de una concepción filosófica previa. Quienes forman la opinión del público, no son los "medios" sino la filosofía. En síntesis, en una economía tan regulada como la nuestra, la política se transforma en el verdadero negocio.



Cuando hablé de la autopsia del "existencialismo" en la primer parte de éste ensayo, en realidad quise auscultar, dos de los grandes distorsionadores de la filosofía de Sartre, y me refiero a la percepción del tiempo y la naturaleza. Ya Sócrates en la Antiguas Grecia decía que "el tiempo es una mera ilusión". Sin embargo, quién se impuso en occidente hasta nuestros días fue Aristóteles, so nos dejó como legado ésta omnidireccional manera de percibir el tiempo. El paso del tiempo a través de nuestro cuerpo y pensamiento de atrás hacia adelante, ergo un pasado que nos antecede, un presente que nos abarca en el ahora, y un futuro que se halla proyectado hacia delante, es nítidamente una herencia aristotélica.



Pero el tiempo no es eso, ni funciona de esa manera. Y éste error de percepción es tan relevante, que llevó a Sartre a despreciar la existencia de una naturaleza no solo en el hombre, sino en el universo. La naturaleza es algo que solo se nos muestra en forma de efectos, ingobernabilidad y eterna incertidumbre. A diferencia de Sartre, yo pienso que: "el desconocimiento precede a la esencia". La existencia puede o no ser un milagro, pero en ninguno de los casos tenemos injerencia en ella, siquiera en un ápice. Las leyes de la naturaleza aun no son conocidas, pero no por desconocidas; debemos afirmar que no existen. Lo que tampoco significa que debamos inventar a un "Dios" como administrador o incluso inventor de esa naturaleza. Nunca entendí del porqué la confusión, porque la naturaleza y Dios no necesariamente deben ocupar el mismo espacio temporal.



El tiempo es la clave del modo en que lo percibimos todo. Es el tiempo lo que marca cada uno de los hechos, pensamientos y sucesos en nuestro viaje desde que nacemos hasta que morimos. Nos podemos imaginar fácilmente un universo sin color o sin luz, pero es prácticamente imposible imaginarnos un mundo sin tiempo. Sin embargo, hasta donde la física parece saber, puede que haya que imaginarse un mundo sin tiempo.



La naturaleza real del tiempo, sigue siendo un concepto esquivo. Aunque a lo largo del siglo XX se realizaron grandes avances en este campo, en lo que concierne a qué es exactamente el tiempo, podríamos decir que no somos más sabios que los antiguos griegos. Platón, después de todo, creía que el tiempo era una ilusión (digno discípulo de su inventado Sócrates).



Es muy común oír hablar que el tiempo fluye, pero ¿fluye a través de qué? ¿A qué velocidad fluye? Tenemos claro que la tierra se mueve a través del espacio, y su movimiento ha sido detalladamente descrito respecto a otros puntos de referencia tales como el sol. Sin embargo, el paso del tiempo no puede describirse más que con respecto a uno mismo.



Si nos abstraemos de términos físicos, podemos llegar a la conclusión de que nuestra forma de considerar el tiempo está ligada al modo en el que pensamos. Después de todo, nosotros no vemos realmente el paso del tiempo, si no que, simplemente, sufrimos una serie de experiencias distintas de las que tenemos almacenadas en nuestros recuerdos y es esta diferencia lo que nuestra mente consciente percibe como tiempo.



Ahora, si intentamos volvernos un poco más racionales, podemos pensar que el pasado ya no existe, y no es más real que nuestra imaginación. Del mismo modo podemos establecer que el futuro no existe, pues aún no ha sucedido. Entonces, todo lo que es real es, simplemente un punto infinitesimal que se sitúa entre el pasado y el futuro, que conocemos como presente. Como el tiempo nunca se detiene, podemos determinar que la cantidad que define a esta rodaja infinitamente fina es cero. Así, el tiempo es real, pero nada más lo es.



Transladándonos ahora a un entorno más científico, la ciencia históricamente siempre ha perseguido el medir el tiempo, otorgándole un símbolo y situándolo en sus ecuaciones mediante la letra t, mientras que han intentado simultáneamente ignorar los horrores filosóficos que crea su mera existencia. Pero con Michelson, Morley, Lorenzt o Einstein todo esto cambió.



Albert Michelson y Edward Morley descubrieron que la velocidad de la luz medida por un observador es la misma con independencia de la velocidad a la que se mueva dicho observador con respecto a la fuente de luz. Más tarde, el físico irlandés George FitzGerald y el físico holandés Hendrik Lorenzt sugirieron que este fenómeno se podía explicar si suponemos que, en realidad, el tiempo transcurre más lentamente para los objetos que se encuentran en movimiento, introduciendo por primera vez la posibildad de que el tiempo fuera algo muy distinto al concepto históricamente conocido.

La relatividad de Einstein trajo el nuevo concepto del espacio-tiempo, demostrando que ambas magnitudes no son más que dos caras de una misma moneda. Según esta nueva teoría de Einstein cada punto del espacio pasa a poseer un tiempo personal, desapareciendo el concepto de tiempo absoluto. Con estas ideas, Einstein llegó a la lógica conclusión de que el tiempo no fluye, y por tanto el pasado, presente y futuro no existen como tal, volviendo a un concepto tan antiguo como el tiempo imaginario en el que creía Platón.

Siguiendo la revolución de la relatividad de Einstein, podemos representar gráficamente un objeto en movimiento en el espacio-tiempo del mismo modo que lo hacemos en las tres dimensiones espaciales. La física considera que el tiempo más bien como una etiqueta, un modo de pensar sobre los sucesos y, en concreto, una relación entre los sucesos que puede ser descrita matemáticamente. Un punto por ejemplo, sucede tanto en el espacio como en el tiempo. Si tomamos dos puntos, X e Y, aunque se puede establecer entre ambos una serie de relaciones tanto espaciales como temporales, la relación espacial es muy diferente de la temporal.

Si X sucede antes que Y, entonces X puede afectar a Y, pero Y no puede afectar a X. En otras palabras, podemos hablar del futuro causal, pero no de un pasado causal, o al menos, esto no concordaría con aquello que hasta ahora conocemos. De hecho, el espacio-tiempo de Einstein delinea la geometría tanto del espacio como del orden de ocurrencia de los sucesos. A partir de una ocurrencia cualquiera, sus efectos posteriores en el tiempo vienen representados como un cono que se extiende hacia la dimensión temporal. En el interior del cono, todos los sucesos son causales y lógicos, mientras que, en el exterior, la causalidad se pierde y reina la anarquía. La idea de que el tiempo es un modo de decir que una cosa sigue a otra como resultado de esta otra, parece que es la clave de la verdadera naturaleza del tiempo....SEGUIR LEYENDO EN http://www.copia-oculta.org/2015/01/filosofia-vivir-en-el-tiempo-y-el.html

Enviado el: 7/1/2015 12:24
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