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Ontología cuántica: ¿Qué hay?
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¿QUÉ HAY? (ensayo)

Escrito por Lic Ramón D. Peralta




Inicio éste texto, en la ingenua pretensión de que se erija como un pensamiento literado al mejor postor. Siento que a medida que pasa el tiempo decaen mis inconscientes artes metafísicas. Soy nadie queriendo integrar una verdad que me he impuesto desde tiempos "inmemoriales", un descuido de la naturaleza que fue maldecido por la filosofía y su ímpetu deconstructor de elucubraciones y emociones de obstinación natural. Solo la necedad me alienta a seguir por un camino que no conduce a ninguna parte, no puedo detenerme. ¡Cuántas ganas de festejar el pensamiento intuitivo!, que sin ser tuyo o mio, es de todos, es nada, es universalidad. Mi reino por poder escribir ajeno a mi conciencia. Esa palabra "resignación", sabe feo y tiene mal aliento.


Cuando uno pasa desnudo delante del espejo, y osa mirarse sin verse, comienza una vertiginosa lucha en pos de destruir la realidad, ya que nuestro cuerpo es el yacimiento predilecto del ego, donde se enmohecen todas las aspiraciones de trascendencia y estética, para con una vida que es mucho mas que belleza y la suma de sus partes.


Vaya manera de edificar introducción, pero siempre me quedé con ganas de decir que no puedo acostumbrarme al espanto. Aberraciones como las afirmaciones de Al-Ghazali de que la filosofía estaría en contradicción con la religión y que, sería por lo tanto una afrenta a las enseñanzas del Islam. O el dogma que ensalza la "infalibilidad pontificia", según la cual el Sumo Pontífice está "preservado de cometer cualquier tipo de error" cuando él promulga una enseñanza o si prefieren, "un postulado" dogmático en temas de fe y moral bajo el rango de "solemne definición pontificia", como si se tratare de una epifanía divina, ergo unívoca y "perfecta" verdad revelada (donde en consecuencia ninguna discusión se permite dentro de la Iglesia católica en pos de acatar y obedecer incondicionalmente estos "santos berrinches"); me parece algo inmundo y trágico para la humanidad. Si hay algo por lo que vale la pena dejar la vida, es por luchar contra estas locuras desquiciantes, que tanto daño le han hecho y le siguen haciendo a los seres humanos y sus sociedades.


Averroes, el gran filósofo andalusí en su obra Refutación de la refutación (Tahafut al-tahafut) defiende la filosofía aristotélica, y mas que ésta su ontología, frente a las estentóreas declamaciones de Al-Ghazali. Lo cual tiende a ratificar la idea de que, si bien toda religión fue construida con filosofía, cuando ésta es pasada a manos de los comunes dogmáticos, se transforma en una herramienta de la calamidad y el odio, ergo otra cosa.

Las religiones son un canto a la vida espiritual, sin embargo dejan de ser útiles y relevantes, cuando sabemos que los terribles problemas que generan están representados en los "pequeños hombrecitos" encargados de su administración.

Averroes y luego Brentano, dos ilustres salvadores de lo que "debe ser", ambos religiosos apóstatas, ambos gladiadores de la divinidad en la humanidad. La metafísica y la ontología, tenían sus formidables cerberos.

Y así como tuvimos un valiente Averroes para con el Islam, tuvimos un incondicional del humanismo, Franz Brentano; quién osó cuestionar la estupidez hegemónica de su tiempo, cuando el Concilio Vaticano I (en 1870) declaró "la infalibilidad papal" como dogma. Había que atreverse a tanto en esos sórdidos momentos, donde la crueldad y barbarie se proyectaba con sombras de crucifijo.

Brentano, fuertemente influenciado por Averroes, escribe para el mundo su tesis doctoral "Sobre la múltiple significación del ente en Aristóteles", obra ontológica por antonomasia. Tan fuerte fue su influencia en el iluminismo, que sentó las bases para los "Fundamentos de la Psicología Fisiológica" de Wundt, como asimismo de la "Psicología de la conciencia" por medio de la observación de la experiencia. Brentano fue profesor en la Universidad de Viena, donde, como era de esperarse, dejó una marca indeleble en la gnosis de alumnos como Sigmund Freud, Carl Stumpf, Edmund Husserl, Kazimierz Twardowski, Alexius Meinong, y Christian von Ehrenfels, entre otros. La ontología y la metafísica tenían sus nuevos apóstoles, y con ellos, un destino de trascendencia e inmortalidad.

Sin ser considerado un estricto ontologista, como si lo son Gioberti y Nicolás Malebranche; otro personaje que no puedo pasar por alto es Mircea Elíades, sabio que supo darle a la metafísica occidental una nueva dimensión que nos llevó mas allá de los horizontes de lo meramente subjetivo y racionalista. Esa concepción de todo lo que es "hierofánico" amerita toda mi admiración y respeto, pues representó un ampliación de la cosmovisión humana sobre su propia ontología consciente y espiritual. Mircea nos enseñó que hay algo mas que en ese "hay" en el aquí y ahora del ser.

Y entrando tímidamente en el tema, de repente recordé a Ortega cuando afirma: "El universo, en cuanto al ser, no puede ser mas que uno, es decir el ser no puede ser multiverso". Y vaya belleza, mi innubilación, un grande como Ortega siquiera pudo imaginar éste nuevo portal de conocimiento que nos provee en estos precisos momentos la matemática y física cuántica, así como la física relativista y de partículas, tanto como el inconmensurable feudo de las matemáticas abstractas. Porque "si somos multiverso", y mucho mas.

Todo estudiante de filosofía, toma contacto como primera punción gnoseológica, ni bien aterriza en la ontología por vez primera con la pregunta: ¿Qué hay?, ¿qué es lo que hay y somos? ¿qué significa existir?. En cuyo caso el profesor, les responderá con una sola palabra: "Todo", y todos aceptarán esta respuesta como valedera. Pero luego el profesor los llevará a otro territorio, cuando les pregunte nuevamente ¿pero, esto no es sólo decir que hay lo que hay?, ¿realmente "todo" significa "lo que hay"?. Obviamente el debate cognitivo emergente se pondrá muy ameno, llevadero y divertido. El estudio de la ontología, es quizás uno de los ingredientes mas sabrosos y placenteros de la filosofía, como carrera vocacional, "si es que esto existe".



En filosofía se estudian algunos conceptos que se venden como axiomáticos, pero como todo en filosofía, se compran como "verdades históricas en movimiento", como el caso de Husserl, quién sostiene que la ontología es la "ciencia de las esencias" que puede ser formal o material. La primera se dedicaría a las esencias formales, ergo a las propiedades y funciones de todo lo que es "esencias" o "esenciales". Las materiales tratarían pues, de esenciales del tipo materiales, restringiéndose así a los modos de sus objetos. Por tanto, son llamadas también “ontologías regionales”. En consecuencia para Husserl, la ontología formal abarcaría todas las esencias materiales e incluso las del ser. Pero ¿y qué hay de las esencias que no son formales ni materiales?.



Al parecer, para Husserl la esencia o essentia, ambos hermanados con el infinitivo del verbo latino esse o "ser", equivaldría a "existir", ergo es el "ser que existe como ente". Entonces nada mas tradicional para la filosofía que interpretar a ese "ser en el ente" como "substancia dualista" donde en un primer plano está el "ser en cuanto a su ser" que se demuestra en un segundo plano mas lejano: "que se es, y que ademas se es parte de lo que hay",



Pero en esa descripción de la propia existencia en el "soy y existo" está inconclusa sino lo enmarco dentro de una "sustancia segunda mas grande" y por ende expandida, so sería del tipo lógico que enuncia mediante la retórica acerca de lo "que es" mas allá de lo que soy: ergo el atributo de la sustancia primera que muestra su identidad permanente en la segunda. En otras palabras: se tratan de los predicados que definen la identidad lógica y las propiedades como especie o clase natural; so predicados aplicables tanto al individuo como a la clase natural como género, especie o conjunto de individuos al que pertenece, etc.



En lógica de segundo orden, la retórica es respecto al conocimiento de lo real como un ente supraestructural, ergo la realidad, es decir el discurso científico que considera como objeto de su estudio la esencia y sus propiedades, o conjunto de propiedades que define una clase natural de ente, que obviamente incluye al ser según su ser como integrante de ese ente. En la filosofía tradicional, la ontología de Husserl ha sido considerada como la propia e indisoluble vocación de ir tras la identidad de las cosas frente a la apariencia fenoménica de la experiencia, lo que sitúa a lo esencial como una realidad metafísica.





Heidegger, asistente de Husserl en la Universidad de Friburgo, también estigmatizado por la varita mágica de Brentano, retoma, aun siendo muy joven la pregunta por "el ser presente en la metafísica aristotélica", demostrando que la rebeldía no era algo teórico en el gran alemán, pues ni bien pudo, elevó una de sus mas irónicas críticas a la "ontología tradicional", al referirse a ella como "ontoteología". Obviamente su misión consistió en acercarse "al ser por medio del ente que existe", mas que el ser en sí, "el ser-ahí" (dasein), el cual podría entenderse como el ser humano arrojado de manera natural a un mundo naturalmente fenomenológico. Quizás sin proponérselo desarrolla así una ontología harto original, que luego se llamaría "metafísica de la existencia", la cual se encarga, como se desprende del título, de intentar descubrir "la constitución o composición del ser en la existencia y de la existencia misma". La ontología de Heidegger en síntesis, se refiere entonces a las condiciones que el universo manifiesta o podría manifestar, de tal manera nos permita intuir todas las posibilidades de la existencia, lo que incluye al dasein o al ser como causa sui en su existir originario. Además, insiste en escindir la metafísica de la ontología, argumentando que son elípticamente diferentes, pues la primera confunde ser con ente; mientras que la segunda, parte precisamente del hecho de que son diferentes.

Hartmann, en plena coincidencia con Heidegger, declara que la ontología es en realidad el ejercicio de la refutación o crítica filosófica, que permite descubrir los límites de la metafísica, como asimismo delimita sobre "qué contenidos pueden ser considerados racionales, y cuáles inteligibles". La pregunta que me hago ¿no es acaso arrogante forzar así una distinción tan sutil entre metafísica y ontología, cuando la simplificación debería haber sido la meta?. Muchas veces, aun la filosofía mas excelsa, se empecina en mostrarse mas perturbadora y compleja de lo que realmente es. Para mi la ontología es hija putativa de la metafísica, y como tal, comparten el mismo espacio que ocupan mis estudios y reflexiones.

Parados sobre fines del siglo XX y principios del XXI, aparece lo que se conoce como la Ontología del Actante-Rizoma, que es fruto los vicios de formación de los ´80. Fue pergeñada por Bruno Latour, Michel Callon y otros investigadores del "Centro de sociología de la innovación de Mines ParisTech", en Francia. También contó con la ayuda para su elaboración, de eximios investigadores anglosajones como John Law, Arie Rip, Susan Leigh Stary Geoffrey Bowker.

El componente central de esta teoría es que considera "actantes" tanto a los seres humanos, como a los objetos (el algo no humanos), y los discursos que del estudio emergen. Propone una visión simétrica, holística, histriónica y monista de la ontología . Señalando la importancia de lo tecnológico en la explicación del mundo, ergo tratándolo de una manera equivalente a la manera en que se trata lo social. Esta teoría pone énfasis en las redes que se establecen en la producción de conocimiento, estudiando y observando el entorno de los ingenieros y científicos cuando llevan a cabo sus proyectos, exaltando el hecho (según ellos) de que nadie actúa solo y que hay un gran número de "actantes" que se comprometen entre si. En contraste con la mayoría del trabajo de la sociología clásica, la ANT no distingue entre humano y no-humano para identificar al ente. Devuelve así, la mirada hacia la participación que tienen recursos como el equipo, dinero, datos, publicidad o abstracciones como el poder. En síntesis el término actante es utilizado como una forma neutral de referir a actores tanto humanos como no-humanos, ya que sus principales autores han considerado que la palabra actor tiene una carga simbólica ligada al "ser en cuanto a ser una persona humana".

Según Latour, las personas y las máquinas deberán ser tratadas como iguales para hacer estudios sociales, esto se refiere al principio de simetría. Es decir que considera un error plantearse explicaciones que hacen referencia a dualismos como naturaleza y social o, como ya hemos mencionado, lo humano de lo no-humano. Son elementos indisociables y podrían, más aun, deberían ser descritos en los mismos términos.

En mi opinión, hay veces como ahora, que mi sorpresa ante la innata capacidad de la filosofía para endiosar el absurdo, no termina de hallar el mas misericorde consuelo. De la imaginación filosófica, se espera mucho mas que esto, por favor hagamos entonces el esfuerzo de honrar el supuesto don del racionalismo conque vinimos provistos de fábrica. Esta exageración de la cosificación que lleva a poner en un mismo plano ontológico a una máquina con quién la inventó, me suena cuanto menos hilarante, solo propio del neocinismo, que por posmodernista mas ridículo y banal resulta. Se pretende una metafísica, pero que está mas acá de la física, carente de la mas exigua profundidad, y eso es inadmisible de plano y de bulto.



El pensamiento intuitivo es mas antiguo que la misma humanidad.


No obstante existen tres factores que nuestra conciencia si puede paladear, que son las psicológicas, las económicas y las morales (culturales). Descartes, Kant y Schopenhauer tiraron la primer piedra al agua, y estas comenzaron a repiquetear sobre su superficie, como si velocidad y materia no se quisieran juntar, ergo esas ondas fueron atrapadas por Marx, Nietzsche y Freud, quienes estaban en distintos ángulos del espectro filosófico y filológico. Descartes dijo "pienso, entonces existo" (cogito ergo sum) en este contexto:
"Pero en seguida advertí que mientras de este modo quería pensar que todo era falso, era necesario que yo, que lo pensaba, fuese algo. Y he notando que esta verdad: yo pienso, por lo tanto soy era tan firme y cierto, que no podían quebrantarla ni las más extravagantes suposiciones de los escépticos, entonces juzgué que podía admitirla, sin escrúpulo, como el primer principio de la filosofía que estaba buscando".

Descartes, estaba solo buscando un punto en donde apoyarse fuera de la dimensión material, pues como buen dudoso dualista creía que la existencia del hombre se debía explicar con algo concreto mas allá de toda cosificación. Pero tampoco pretendía en ese determinismo, congraciarse con la burda superstición catedralicia, patrística y escolástica. Algo debía haber que dirimiera semejante absurdo antagonismo. Y por lo visto creyó que estaba en el pensamiento. ¿Cómo dudar de la propia existencia si uno piensa?, ¿pero y si uno no puede pensar no existe (muerte cerebral o patologías cerebrales severas, etc)?. Por otro lado: ¿es lo mismo pensamiento que conciencia de pensar?, ¿están seguro de ello?.

Ahora bien, cuando los hombres de la prehistoria se encontraron frente a situaciones que ya habían ¨experimentado¨, entonces la forma de pensar mutaría de ser intuitiva e individual a ser asociativa y grupal, debido a que, como ya los hombres primitivos habían aprendido de su experiencia que dichas situaciones no podían ser superadas en individual, lo condicionó en lo sociológico. Así, se cristalizan entonces, los pensamientos intuitivos del conjunto, apoyados en la experiencia de situaciones anteriores, dando nacimiento así a la conciencia.


La existencia y naturaleza de los universales es materia de arduo debate filosófico. Especialmente en la Universidad de París en el siglo XI, y tuvo especial importancia en el nominalismo. Los universales de la ontología en cambio, existen en si mismo y son entidades separadas e independientes de las cosas particulares; no dependen para su existencia ni de la mente humana que los piensa ni de las cosas individuales o concretas. Las cosas individuales participan de los universales. Platón los situó en el Mundo Inteligible y San Agustín en la mente de Dios.



A ciencia cierta e incierta, resulta difícil aun en el siglo XXI afirmar responsablemente desde lo ontológico que existe una diáfana demarcación entre pensamiento, sentimientos, con un algo o alguien llamado espíritu y/o alma. No sabemos donde comienza uno y donde termina el otro, si es que acaso pueden obrar por separado. Sobre el inconsciente hay menos dudas, simplemente porque solo poseemos una intuición sobre ello, que resulta a la postre menos dificultoso para consensuar. Cosa que no significa, se trate de gnósis, so es solo parte del mundo de lo intuitivo e instintivo, y como tal metafísico. Sabemos que un niño nacido en estado salvaje comerá cualquier cosa, de la manera que descubra como conveniente que incluye comer carne humana, sin que aprenda el significado de culpa, miedo u otros condicionantes superyoistas. Si encontrara una mujer u otro hombre en las mismas condiciones, ya siendo un puber podría tener relaciones sexuales sin sujetarse a parámetro moral, cultural o dogmático alguno. Siempre se tratarían de actos instintivos y naturalmente humanos, aun si esas relaciones fueran mediante el uso de la fuerza física (violación).

Realismo natural, inmanente o moderado: los universales existen pero no separados de las cosas concretas ni etéreas; son las formas o esencias inscritas en las cosas mismas. Son universales ¡como causa sui. Quienes mas se aproximan a esta ontología, son Aristóteles y Santo Tomás.

Para el Conceptualismo, los universales existen pero no en las cosas sino en las mentes. Son los conceptos, según esta vertiente, representado por entidades abstractas que se obtienen a partir de las cosas o realidades individuales. Son universales post rem. Pedro Abelardo fue uno de las más importantes defensores de esta interpretación en la Edad Media.

En cambio, para el nominalismo: los universales no tienen existencia objetiva, osea no existen ni como formas separadas ni como esencias y ni siquiera como conceptos. Son simples palabras que se usan para nombrar los motivos meramente utilitarios de su existencia. En resumen, para esta gente "solo existen las cosas concretas", vaya simplismo. En general las corrientes de orientación empirista (como el neopositivismo en nuestro siglo) tienden a este punto de vista, radicalmente opuesto al platónico. En la Edad Media lo defendió Guillermo de Ockam .


Pero según sabemos ahora, en estado primitivo el ser humano no reconoce la monogamia, el canibalismo, los delitos, traumas psicológicos, culpas, pesares, melancolía, angustia, fracasos, éxitos, etc, ni ningún otro sentimiento o emoción inmanente al hombre civilizado. Tampoco puede tan solo imaginar sus simbologías, mucho menos consecuencias. El hambre, la sensación de frío o calor, el tener refugio ante los elementos de la naturaleza, el sexo y la supervivencia, etc, "son entelequias que vienen de fábrica" ergo ajenas a cualquier intento de domesticarlas o hacerlas a imagen y semejanza de la conciencia de lo que el hombre inventó caprichosamente para si. Esa ontología, nada tiene que ver con la ontología que demanda la edad cuántica.



Los "esenciales ontológicos" son esenciales, y por eso se las considera naturales ergo humanas. Matar a otro hombre no guarda distancias desde lo esencial con matar a otro animal o arrancar un fruto de un árbol, cuando se lo hace para comer y poder vivir. Sin embargo, muchas doctrinas tanto teológicas y filosóficas se negaron a tomar estas premisas como entimemas, en cuyo caso las reemplazaron por postulados mas elaborados y menos verdaderos o realistas. Es decir, si bien esas verdades nos parecen dolorosas e inaceptables, las pruebas antropológicas, de campo y los descubrimientos históricos hechos al respecto, nos aportan pruebas mas que concurrentes. Un bebé recién nacido dejado solo en medio de una selva sin humanos, en caso de sobrevivir se convertirá en un humano primitivo, por ende hará todo lo que usualmente nos negamos ser, creer y hacer en sociedad. Repito la pregunta: ¿qué debe ser la ontología, que no sea lo mas acá de lo real?.



El debate ontológico pudo haber comenzado con Heráclito, un antiguo pensador griego a quien Platón le atribuye la expresión que versa sobre el río en el Crátilo (obra que lleva el nombre del principal discípulo de Héraclito): "En algún lugar dice Heráclito, todo se mueve y nada permanece, y, comparando las cosas con la corriente de un río, dice que en el mismo río no nos bañamos dos veces".

Mucho en la filosofía de Platón puede ser entendido como una respuesta a Heráclito, especialmente a las implicaciones escépticas de sus escritos. Para Platón, nuestro intelecto puede contemplar el mismo río cualquier cantidad de veces, ya que río como una idea, como una forma, se mantiene siempre el mismo. Hay una aguda distinción entre el mundo de los sentidos y el mundo del intelecto: uno puede tener sólo opiniones acerca del primero, pero puede tener conocimiento verdadero, ergo la ciencia como una creencia verdadera justificada, acerca del segundo. Justamente por esa razón, el mundo inteligible, según Plantón es el mundo de la razón; y el mundo sensible es sólo provisionalmente real, como las "sombras en la pared de una cueva". Así es como describe Platón la realidad del mundo y de las ideas en su famosa Alegoría de la caverna: Platón en "La República, Libro VII".

Pero al menos una parte de lo que Platón quiso dar a comprender, que se es Río, como un universal, so como una idea atemporal, perfecta y por ello inmutable, en la cual los ríos mutables participan parcialmente, ya que el mundo material es un espejo imperfecto del mundo real. Platón, en consecuencia, fue el primer realista.

Pero su alumno, Aristóteles, estaba en desacuerdo tanto con Platón como con Heráclito. Aristóteles transformó las formas de Platón en "causas formales"; los planos implícitos en las cosas materiales. Donde Platón idealizaba la geometría, Aristóteles practicaba la biología, y su pensamiento siempre vuelve a los seres vivos. Considera un árbol de roble. Éste es un miembro de una especie, y tiene mucho en común con todos los robles de generaciones pasadas, y con todos los que vendrán. Su universalidad, lo que le da la esencia de roble, es una parte de él; pero ningún roble es idéntico a sus pares en grado absoluto, por lo cual cada quien es particular. Por consiguiente, Aristóteles era mucho más insistente que Heráclito o Platón (en apariencia) sobre conocer el mundo sensible. Un biólogo puede estudiar robles y aprender sobre su esencia, encontrando el orden inteligible dentro del mundo sensible. Tal visión hizo a Aristóteles un realista en cuanto a los universales, pero un nuevo tipo de realista. Suele darse el nombre a esta visión de las cosas como la postura del "realismo moderado".

En su libro Ontología del lenguaje, Rafael Echeverría se interesa en establecer algunas premisas básicas. Una de ellas es que en al hablar se observan cinco actos lingüísticos básicos identificados como: juicios, declaraciones, afirmaciones, pedidos y promesas que incluyen las ofertas, sobre los que se explaya. Quizás pibot de la Mereología, la cual se conoce como el estudio de las relaciones entre las partes, tanto de las partes con el todo, como de las partes con otras partes.

La mereología tiene una larga historia en la filosofía. Aristóteles ya presenta algunas reflexiones en la Metafísica, sus trabajos sobre física y otros. También Boecio dedica al tema parte de su "De Divisionee In Ciceronis Topica". En la Edad Media, la Mereología fue importante en los trabajos de Pedro Abelardo, Santo Tomás de Aquino, Ramón Llull y Alberto de Sajonia, entre otros. Sin embargo, la primera teoría exhaustiva se debe principalmente a Franz Brentano y a su discípulo Edmund Husserl. Por otra parte, la primera formalización satisfactoria fue la realizada por Stanislaw Leśniewski, quien la publicó en polaco en 1916. Para nuestra lengua tardaría un poco mas, no obstante, llegó antes al inglés, en manos de H. S. Leonard y Nelson Goodman en 1943. Los hispanoparlantes siempre estamos a la cola de la gnosis y la ontología



No deja de inquietarme la filosofía del conjunto que sigue encontrando mas problemas por sobre problemas anteriores, sin dejar por ello de ser un atajo hacia una metafísica supraestructuralista que todo lo ve desde arriba. Jaques Derrida, quizá uno de los mas revolucionarios filósofos de la posmodernidad, se reveló contra la obsolescencia del estructuralismo para dejar bien en claro que siempre habrá alguien dispuesto a enfrentarse contra el apoltronamiento del pensamiento dogmacentrista. O bien, dicho de otra manera, tanto Derrida como Julián María, Unamuno y Lyotard (por mencionar solo algunos), proclamaron por sobre los hombros de los existencialistas y estructuralistas, que hay mentes no dispuestas a dejar que sobren piezas del rompecabezas. Claro que la filosofía del hoy, aquí y ahora, en este preciso momento, esta siendo hostigada y provocada por la psicosociología y la yunta de disciplinas neurobiológicas, patrocinadas por lo nuevos cientifistas occidentales.



Hay muchas interrogantes que el hemisferio grande no ha podido tan solo intuir, sobre verdades, palabras, verbos, gerundios y silogismos de predicados de lo inmerso en el cuadrante de lo pequeño, ego diminuto. Me refiero al individuo, su ser, no ser y mas que los enlatados psicológicos, me refiero a sus vínculos metafísicos no explicativos para con un universo que ahora se muestra dócil y generoso (en materia de identificación y esencialidad).



Desde el punto de vista del dogmático ontológico, el lenguaje es una posibilidad y el hombre otra con aptitud para utilizar el habla como herramienta para generar acción, y de acuerdo a las distinciones que ese hombre tenga sobre el lenguaje es que alineará su hablar hacia la consecución de su propósito con mayor o menor efectividad. Esto quiere significarnos que el hombre en su evolución aparece en el lenguaje y a su vez el lenguaje es producto de la evolución del hombre. Legitimando la capacidad creativa del hombre parece razonable considerarlo creador del lenguaje que luego evoluciona junto con él.


Pero ¿quién me puede asegurar que todo este deambular filósofico del occidente no se trató de una gran vuelta cosmogónica para terminar en algún punto de la historia pasada o futura de la humanidad?, y lo que es peor. ¿Quién puede asegurar que somos trascendentales como materia para el universo?, y en el caso de que elijamos creer que si lo somos: ¿Quién puede asegurar que podremos preservarnos de la extinción?.¿Puede el hombre evolucionar hasta llegar a controlar las amenazas de la materia, sean cual fueren?. ¿Qué tan beneficiosa es la curiosidad que nos lleva a ir por mas, redoblando las apuestas constantemente, sin aun tener consciencia de lo que fuimos, somos o queremos ser?. ¿Cómo explico que la filosofía tiene un sentido, si aun no sabemos a ciencia de donde venimos?, ¿Dónde está el punto certero en donde apoyarme, para poder efectivamente determinar dirección y experiencia incontrastable?, ¿si ya se que tengo mas de tres dimensiones en el universo, por qué debo asumir que lo visto hasta ahora es o no falsable?...


Puede interpretarse que el lenguaje permite al hombre extrapolar su manera de crear, potenciándola, ya que al suceder fuera de él puede observarla depositando sus ideas en un espacio diferente del que ejerce para pensarlas, y ese lugar de interacción no es ya el lenguaje, sino su capacidad de intuir la metafísica. El hombre se observa en el lenguaje, pero se crea en la metafísica.



Anton Zeilinger afirmó: "También en las tradiciones espirituales veo un camino del saber, paralelo al de la ciencia, en el que se puede aprender algo sobre el mundo. A mi entender, todo conflicto entre ciencia y religión es un malentendido. La discusión sobre evolución y creacionismo es intelectualmente espantosa, tanto por lo que defienden los fundamentalistas de la religión, en especial en los Estados Unidos, como también, en parte, por culpa de los científicos; ese libro de Richard Dawkins, The God Delusion (El espejismo de Dios), ¡es tan simplificador! Ni la religión ni las ciencias de la naturaleza podrían probar nunca la existencia de Dios ni refutarla. (Investigación y Ciencia, abril 2008)



John Carew Eccles, premio Nobel del campo de la neurocirugía, escribió estas palabras: "Una insidia perniciosa surge de la pretensión de algunos científicos, incluso eminentes, de que la ciencia proporcionará pronto una explicación completa de todos los fenómenos del mundo natural y de todas nuestras experiencias subjetivas: no sólo de las percepciones y experiencias acerca de la belleza, sino también de nuestros pensamientos, imaginaciones, sueños, emociones y creencias [...]. Es importante reconocer que, aunque un científico pueda formular esta pretensión, no actúa entonces como científico, sino como un profeta enmascarado de científico. Eso es cientifismo, no ciencia, pero impresiona fuertemente al profano, convencido de que la ciencia suministra la verdad. Por el contrario, el científico no debe pretender que posee un conocimiento cierto de toda la verdad. Lo más que podemos hacer los científicos es aproximarnos más de cerca a un entendimiento verdadero de los fenómenos naturales mediante la eliminación de errores en nuestras hipótesis. Es de la mayor importancia para los científicos que aparezcan ante el público como lo que realmente son: humildes buscadores de la verdad" (La psique humana, 1986).



Una vez generada, la idea se deposita en el lenguaje, quedando liberada de su autor y el resultado que produzca dependerá de las diferentes maneras en que los involucrados participen en ese pensamiento asociativo, o sea dependerá de la manera en que la escuchen, la interpreten, la legitimen como observación, se relacionen con ella y entre ellos, etc.

No obstante ello, y aquí lo sutil de la observación, el solo hecho de literar la metafísica nos puede disparar al espacio insondable y multiverso, mediante esa capacidad natural, fértil y generativa del lenguaje en las múltiples dimensiones que propone la ontología cuántica, ocasionando efectos inasibles en ese imaginable emanado del lenguaje cuántico. Si al menos uno de los involucrados en esa conversación posee distinciones suficientes podrá entonces orientar los efectos de ese hablar hacia el objetivo pretendido. Si no, podrían generarse efectos no deseados, un debate estéril, acciones desenfocadas, contexto inapropiado afectándose la relación que, según propondré más adelante, es la base del íntimo poder generativo de la ontología cuántica.

Volviendo a Derrida, y en esto estoy de acuerdo "en parte": parecería que hoy rige una polarización dogmacentrista que lleva incluso a los mismos filósofos del siglo XXI por caminos trillados, plagados de antagonismo y absurdos recurrentes. Se vislumbra una intentona conservadora y tradicionalista, de usar como herramientas sociológicas, conceptos demodé y perimidos, para seguir insistiendo sobre un póstumo ordenamiento social que nunca fue, ni será. Hoy suena tan utópico el marxismo primigenio respecto del existencialismo,como distópico es el capitalismo respecto del nihilismo. Yo los veo como matrimonios espistemológicos irreconciliables (oxímoron precoz), donde la terquedad y la tozudez, solo nos seguirá haciendo perder un tiempo, que a partir de la cuántica se presenta como sospechoso e incierto. En lo que no estoy de acuerdo, es en la no posibilidad de encontrarle una salida airosa a tal metonimia etiológica y antropológica. No tengo evidencia del nivel de familiaridad que puede haber tenido Jaques Derrida con la mecánica, física o matemática cuántica, pero cuando agudizo el oído percibo, una suerte de adelantamiento a una problemática, que hoy se manifiesta desde lo científico como real. Y así como al aire, fuego, tierra y agua fueron los elementos que movilizaron y sedujeron a los filósofos de la antigüedad, aun percibo poco entusiasmo por redirigir la artillería vital, tras estos nuevos descubrimientos científicos, como los sucedáneos a los neutrones, fotones, electronoes, iones, protones, quázares, enlezamientos fantasmales, etc, hasta llegar al Bossón de Higgs y todas sus variantes.



Es curioso porque los partículas subatómicas son cosas no del todo definidas, pues según donde estén, como estén, y en que momento, serán una cosa, para ser otra al momento en que uno quiere clasificarla o medirla. Es tan extraño todo este mundo de lo diminuto, que llevó a los científicos a reclamarle a la filosofía analítica, le salga en auxilio o bien oficie de asistente, para algo que rompe con todo molde conocido hasta ahora. Las partículas subatómicas son entes que dudan de si mismo, para poner en jaque toda la ingeniería de pensamiento preéxistente, pero además hace añicos la arquitectura gnoseológica y dogmática, reduciendo al todo a una nada, plenamente literal. La dualidad del universo, o bien su bidimensionalidad, invoca un entrelazamiento entre partículas que pone a cero, lo que intuíamos sobre la materia y en general sobre la naturaleza. El tener ya las pistas sobre que los fotones pueden teletransportarse por un medio que es mas veloz que si mismo, es simplemente increible, máxime si tomamos en cuenta que los fotones son partículas subatómicas de luz. Estos nos dice que incluso la luz, necesita de un medio de transporte mas eficiente para moverse por el universo. La teoría del Big Bang esta siendo interrogada por la "Máquina Dios", y en la medida que se avanza, mas dudas nacen a la postre de este nuevo mundo, que se deja descubrir por prenda, cual nudista (streapers) profesional: ¿Está la filosofía preparada para esto?, o bien, hagamos de la sutileza un cincel: ¿Será esta vez, que los cientifistas, los analíiticos y los continentales, se sientan obligados a unirse con la comunidad científica, como un solo cuerpo colegiado, en pos de salir del atolladero?.



Lo maravilloso del ocultismo filosófico, es que nos permite ver donde otros no quieren o pueden, porque es inmanente con el origen mismo de la filosofía. Pues hay una a decisión que sin elegirla, ya fue tomada, debemos seguir adelante a ir por todo. Es la curiosidad innata y natural del dasein la que elige por nosotros, convirtiéndose en otro de los ingredientes que pone en aprietos al existencialismo, y en particular a Sartre. Los gnósticos se muestran expectantes, mientras los nonatos ignósticos nos dicen: "¿Y ahora?¿qué tienen para refutarnos?¿tan errados estábamos?, todo esto mientras el impostor de Dios, parece redimirse de atávicas acusaciones. Los muertos que habéis enterrado gozan de buena salud. Tampoco es misión de la filosofía encontrar a Dios, pero de encontrarlo, deberá explicarlo con tanto ímpetu y generosidad, como cuando lo negaba, excluía, igonoraba o incluso cuando lo declaró innecesario. En todo caso me declaro como un escéptico muy optimista, pero es un optimismo racional y fundamentado, ergo hay nuevos conocimientos y cosas de donde tomarme: ¿cómo ignorar la cuántica siendo un filósofo por obsesión? ¿Hasta cuándo los filósofos seguirán oficiando de juglares y trovadores de coplas y estrofas aprendidas de memoria sobre un saber que ya duda de si mismo?.



Porque lo ontológico en esta edad cuántica, es mucho mas que la suma de las realidades, de lo que hay y no hay, ergo es el espacio que separa lo conocido de lo "por conocer". O bien, es la huella de entropía dejado por el conocimiento superior, en su ruptura y posterior alejamiento del desconocimiento superior, quienes originalmente existían unidos. Lo real es lo universal, so el universo es la fragmentación de lo real, quién en esa magna escisión expulsó un número extensible y no finito de realidades, las cuales se van multiplicando y expandiendo en la medida que este universo del conocimiento se mueve. Por ende, toda realidad se mueve in eternum, bajo el prisma de la psiquis humana, sin que sea dócil para el cerebro captar la magnitud de ese movimiento. Porque en toda percepción de la utópica realidad, juega un rol preponderante el individuo, y el objeto de manera indivisible, pero que en la recreación mental de esa percepción de los sentidos, se tamiza o ecualiza según la carga intelectual, cultural, emocional, espiritual, dogmática, moral y ética de la conciencia, no sin antes haber pasado por el tamiz que indefectiblemente propone el subconsciente y el inconsciente.



Tampoco se trata de trazar una elipsis imaginaria entre el racionalismo, empirismo, existencialismo, panteísmo y el idealismo, mucho menos congraciarse con el estructuralismo y posestructuralismo del lenguaje, porque lo real, está mucho mas allá del sujeto, del objeto, y de su intersticial sujeto/objeto (según B. Rusell), como tampoco hay manera de evitar la fuga de lo real; del lenguaje, la semiótica y la lingüística. Tampoco se trata de negar toda posibilidad de conocer lo real, sino de advertir que para poder aprehender las justas medidas de la realidad, aquellas que obran mas allá de las barricadas aduaneras de mi conciencia e intuición, deberé estar dispuesto a estar mentalmente en movimiento, bajo los mismos patrones dinámicos del ente, a priori, prospecto de lo real.


Señores, la filosofía al igual que la ontología tiene como misión solo moverse, no probar, proclamar, detectar o refutar (etc). Es un movimiento que no tiene sentido cierto, pero que solo existe en esa dinámica. La filosofía al igual que la vida solo se rige por una metafísica cuya sustentación inane, inasible e ininteligible a priori, engaña los sentidos, la experiencia, la razón y quizás también la intuición, y solo porque la certidumbre acabaría con ella. La misión de la filosofía solo es explorar cada rincón del conocimiento, de tal manera que no nos queden dudas que la certidumbre de la gnósis plena se quedará como utopía por la eternidad de la dualidad mortalidad/inmortalidad.



El hombre quizás se describa a si mismo mediante la filosofía, como la muestra gratis del carácter accidental de la vida del universo. Por ende, toda persecución de la certeza, se torna banal, inocua, inerte, ya que el intuir que el todo y nada se explican en el azaroso movimiento, habremos de concluir pues que si el camino no nos conduce a alguna parte, es porque el universo no tiene una misión determinista, siquiera real. El universo solo existe como arquetipo de la existencia, pero no hay nada mas allá de esas barricadas iluministas.



Una idea, aquello que usamos como punto de apoyo para construir reflexión metafísica y filosófica, también es algo tenue que flota en el éter, pero con un peso gravitacional tal, que nos obliga circunnavegar en ese plano mesoscópico, como si nuestros análisis fueran satélites condenados a estar suspendidos en las alturas, mientras esos enfoques se empecinan en observar hacia abajo, ese vapuleado planeta, el mismo hombre. No parece de gran mérito pues, que el hombre malgaste ese don precioso, en explicarse a si mismo todo el tiempo, cuando quizás sea mas divertido dar vuelta el observatorio orbital para mirar hacia algo mas allá.



Esa sensación del yo y mi otredad, de nunca estar presentes en el presente, me inquieta, y debería servir de pista. Hay algo que se nos escapa cuando dejamos de pensar por un milisegundo en nosotros mismos según lo que quisimos construir sobre nosotros mismos, y eso me llena de tribulaciones, también de curiosidad. Ese frenesí por encontrarle el mas conveniente cliché a mis estados emocionales, me ha aburrido hasta el hastío.


Por cuanto el escepticismo y el pesimismo se presentan como aceleradores de ese movimiento, y el empirismo, la ontología, el idealismo, el racionalismo y el positivismo (entre otros monismos) la ralentizan y demoran. Finalmente todo monismo termina en un dualismo de proposiciones, y todo dualismo termina en un monismo multiverso. Estamos en la antesala de un quiebre, que como buen oxímoron solo nos dice que la matemática cuántica, probará que ambos decían la verdad, su verdad. Una verdad alejada del conocimiento. El problema vuelve a crear un nuevo ciclo, pues como de costumbre algunos "demiurgos vivientes" ya vaticinan que tras la edad cuántica, proviene la epifanía. Nada mas falaz.

Basta de crear el mundo a nuestra imagen y semejanza, e ir por mas, como último acto inteligente presuicidio. Que la extinción nos encuentre justificando nuestra existencia, porque el hombre nació con la condición de justificarse en el absurdo y el sinsentido, y esa existencia solo tendrá validez si podemos probar que tampoco el universo tiene un sentido de lógica clásica, y entonces, sino lo tiene, ir por algo que explique conscientemente esa no lógica desconocida hasta éste instante. Inventar la palabra que describa ese nuevo pensamiento que partiendo de lo humano se convierta en suprahumano, universal, verdaderamente trascendental; que nos obligue a prescindir de nuestros egoísmos, miedos y sentimientos. Sacrificar la especie humana toda, en beneficio de un todo y nada superior, que por desconocido o por conocer, mas altruista aun.

Si íntimamente todos intuímos un destino de aniquilación y destrucción, pues justifiquemos ese potencial natural, o dejemos éste mundo como la plaga miserable y ruin que hemos demostrado ser hasta éste preciso momento. Ese amor incondicional por nosotros mismos, que a veces adquiere otras formas mas siniestras, es el motivo de tantas religiones, dogmas políticos y fetichismos. Ni siquiera necesitamos de éste sodomita cuerpo, pues acabemos con él de una vez. El ser humano es mucho mas que una cosa, que una combinación de elementos químicos, que una satrapía demencialmente materialista. Hay que matar al hombre, para de entre sus cenizas nazca el verdadero "ser humano".

La metafísica y la ontología cuántica son una misma entidad, que procura cortar las amarras de lo todo lo clásico que nos somete al pensamiento atado al lenguaje, por ende procura ubicarse mas allá de las barricadas aduaneras de la conciencia tradicionales. Muerta la heurística, viva la fenomenología intuitiva que impone este nuevo escenario cuántico. Parafraseando a Ciorán: el ser en cuanto a la conciencia de su ser, existe solo gracias a esos momentos en que se olvidan ciertas verdades, y ello se debe a que nacimos con una también natural condición, que nos permite hacernos el debido espacio en nuestra cultura, como para que quepa un nuevo magno conocimiento, cuando éste se apersona ante nuestra metafísica, reclamando su genuino derecho de ingresar como tal en nuestra mente.

Por suerte la vida es posible solo gracias ese don divino del olvido, y la mala conciencia implícita en la negación. Pensamos a partir de que podemos olvidar, y ese olvido es tan clásico, como revolucionario es la metafísica y ontología cuántica, quien si bien reconoce la existencia del olvido, intenta encontrale los argumentos que lo expliquen mas allá del sinsentido del absurdo. Sin embargo hay pensamientos tan profundos, que nos siguen in eternum por sobre los escombros del olvido. Y si bien la lucidez se recuerda como el recogimiento ante la pérdida, también cimienta ontología en la alegría que nos provoca esa majestuosa serendipia que nos advierte que hemos encontrado algo divino, y como tal, inolvidable en nuestras vidas como colectivo humano. La ontología cuántica "es", y como tal ente y perpetuidad.

Cuando os pregunten ¿Qué hay?,...quizás debamos responder "todo y nada en perpetuo movimiento". Ergo es lo que hay, no hay y lo por haber, porque existe tanto lo intuido, lo pensado y lo conocido como lo por existir, lo por intuir y lo por saber; y como tal sabemos que ya existen aunque sea en forma de presunción probabilística y azarosa. En la premonición de la existencia del mas allá ininteligible e inimaginable, encontramos nuevas partículas de la metafísica, y por ende de existencia. Ya que intuimos que "lo por existir" ya existe, como tal; debería ser también esencial, inmanente y natural al universo en donde estamos incluidos.

Al final, Heráclito hoy se agiganta en su genialidad exigiendo su merecida redención ante la historia de la filosofía, sin que por ello se desluzca Platón y Aristóteles, porque sus aportes hacen a la ontología siglo XXI. Pero sin lugar a dudas, hoy la física cuántica nos ensenó que realmente "nadie se baña en el mismo río dos veces". Buen día.- http://www.copia-oculta.org/2014/05/nueva-ontologia-cuantica-que-hay.html

Enviado el: 3/5/2014 18:28
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